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En un asombroso descubrimiento arqueológico, un equipo de excavación en Túnez ha recuperado, en el antiguo santuario del Tofet de Cartago, una máscara de mármol poco habitual. Datada a finales del siglo IV a. C., la pieza plasma el rostro de una mujer con un peinado fenicio de gran complejidad y supone una ventana excepcional hacia la iconografía y las prácticas religiosas de la Cartago púnica.
Se trata de una máscara de mármol, una piedra milenaria usada habitualmente en arte y decoración en el pasado, está delicadamente tallada y representa el rostro sereno de una mujer con un peinado típicamente fenicio. La pieza ha sido descrita por los expertos como “única en su forma y simbolismo”.
Allí, entre estelas, urnas votivas y restos de rituales consagrados a los dioses Tanit y Baal Hammon, el equipo dirigido por el profesor Imed Ben Jerbania del Instituto Nacional del Patrimonio (INP) de Túnez, ha desenterrado esta joya del arte mediterráneo antiguo.
Los secretos de la máscara
Según las primeras interpretaciones, la máscara habría representado a una sacerdotisa o devota como una ofrenda ritual dedicada a las divinidades cartaginesas como agradecimiento o para petición de favores. Su ubicación en el tofet, un espacio ceremonial abierto al cielo, considerado el centro espiritual de Cartago entre los siglos VIII y II a.C., refuerza esta hipótesis.
La máscara fue esculpida en un solo bloque de este material noble blanco de alta calidad. Presenta un rostro femenino derasgos idealizados con labios finos, ojos almendrados, mejillas suaves y una expresión de calma. Pero lo más llamativo de esta cabeza es su elaborado peinado, compuesto por rizos y trenzas entrelazadas, típico de la iconografía fenicia oriental.
“Estamos ante una obra excepcional del retrato púnico”, afirma el profesor Ben Jerbania. “Su pureza estilística y el refinamiento técnico sugieren que fue encargada por una familia aristocrática con acceso a materiales de lujo y a escultores altamente cualificados”.
Análisis de la pieza
Los análisis preliminares de laboratorio ya están en marcha. El objetivo es determinar tanto el origen geológico del mármol con el que está fabricada, como los restos de policromía que aún se conservan en la superficie de la máscara femenina. (El rostro pudo haber estado originalmente pintado a color, algo que habría acentuado más los rasgos físicos).
Los resultados iniciales apuntan a una cantera en la cuenca oriental del Mediterráneo, quizá en la región de Sidón o Tiro, en la actual Líbano, lo que acrecentaría la idea de que Cartago mantuvo fuertes vínculos comerciales y culturales con otras ciudades fenicias incluso varios siglos después de su fundación.
Tanit y Baal Hammon: los dioses de Cartago
La máscara no solo es una muestra de maestría artística, sino también un testimonio de la cosmovisión púnica. En el culto cartaginés, Tanit era la diosa de la fertilidad, la luna y la protección maternal. Se la veneraba como “el rostro de Baal”, su consorte, el dios supremo del cielo y la agricultura y juntos representaban la dualidad sagrada entre creación y destrucción, vida y muerte. Los arqueólogos creen que la figura femenina representada en la máscara podría ser incluso una representación simbólica de la propia diosa.
El Ministerio de Cultura de Túnez explicó en redes sociales que el hallazgo de esta máscara es “un testimonio tangible de la creatividad y la profundidad espiritual de la Cartago púnica”. También ha adelantado que, tras su restauración, la máscara será exhibida en el Museo Nacional de Cartago (en el sitio arqueológico de Cargado) en una nueva sección dedicada al arte votivo púnico, donde se espera que atraiga tanto a investigadores como a visitantes ansiosos por adentrarse en el rico legado arqueológico de Túnez.



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