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Hay pueblos que conservan huellas profundas de su historia, donde la tradición marinera sigue marcando la vida cotidiana. Esta ciudad es uno de esos casos excepcionales en los que la vida marinera se mezcla con la historia y un casco histórico que merece la pena visitar al menos una vez en la vida. Por si fuera poco, tener los Picos de Europa como telón de fondo es una auténtica maravilla. Aquí la vida corre a otro ritmo y el sonido del mar marca el día a día como centinela.

El entorno natural que rodea a la localidad explica buena parte de su atractivo. Situada en pleno Parque Natural de Oyambre, la villa se encuentra envuelta por un mosaico de playas, acantilados y bosques que conforman uno de los paisajes más valiosos del litoral cántabro. Su historia, sin embargo, se remonta mucho más atrás: ya en época romana existía asentamiento en la zona, pero la verdadera prosperidad llegó durante la Edad Media, cuando su posición estratégica en la costa occidental de Cantabria la transformó en un puerto relevante y en un punto clave para el Camino de Santiago del Norte.
San Vicente de la Barquera se despliega sobre una estrecha península hacia el Cantábrico. Rodeada por la ría que lleva su nombre y por el estuario del río Escudo, ha moldeado durante siglos la vida de un núcleo que se ha consolidado como una de las imágenes más representativas de la zona. Durante siglos, viajeros y mercancías confluyeron aquí, y esa confluencia ha dejado un legado monumental que aún puede apreciarse en sus calles.
Entre sus visitantes habituales destacan nombres como los de Sofía Palazuelo y Fernando Fitz-James, que han hecho de él su refugio personal. Y es que, la extensa playa de Merón, de casi cuatro kilómetros de arena fina y olas, se convierte en un destino imprescindible: invita al paseo, al surf y al simple placer de contemplar el atardecer mirando al mar. Más próximas al casco urbano, las playas de El Rosal y La Maza ofrecen un paisaje más sereno, con aguas tranquilas y un acceso cómodo que las convierte en refugio ideal para familias.

Sin embargo, si hay un elemento que resume el carácter de San Vicente de la Barquera es su puerto. Durante siglos fue esencial para la actividad comercial y para el paso de peregrinos. A día de hoy la pesca continúa teniendo un peso significativo, pero mira también hacia la navegación deportiva y al turismo marítimo. Navegar por la ría y contemplar desde el agua la línea del casco antiguo, las montañas de fondo y la luz cambiante del Cantábrico es, probablemente, una de las experiencias más memorables.
El casco antiguo, declarado Bien de Interés Cultural en 1987, reúne algunos de los enclaves más significativos del patrimonio local: conserva su antiguo núcleo sobre una colina desde la que, en tiempos medievales, se controlaba el horizonte marítimo. Entre sus monumentos, destaca la iglesia de Santa María de los Ángeles, levantada entre los siglos XIII y XVI. En su interior se conserva el sepulcro del inquisidor Antonio del Corro, una obra funeraria de enorme valor.

Pero sería un delito no hablar del Castillo del Rey: levantado entre los siglos XIII y XIV, recuerda la importancia defensiva que tuvo este enclave. Ha sido restaurado parcialmente y permite desde sus torres observar la geografía que rodea la localidad. ¡Pero eso no es todo! Muy cerca, la iglesia de Santa María de los Ángeles se alza como uno de los grandes ejemplos del gótico cantábrico, un templo de bóvedas elevadas donde reposan figuras destacadas de la historia local

Otro elemento fundamental es el Puente de la Maza, levantado en el siglo XV sobre la base de una estructura anterior de madera. El puente actual responde a una reforma impulsada por Carlos III y constituye uno de los símbolos más reconocibles de la villa. Asimismo, el patrimonio religioso y civil de la villa se completa con espacios como el Convento de San Luis, un complejo del siglo XV que llegó a alojar al emperador Carlos I y del que se conservan valiosos restos góticos, o el palacio de la familia Corro, una construcción clasicista que cumplió funciones asistenciales para enfermos y necesitados en su época.
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Hay lugares en el mundo que no parecen reales. Por sus leyendas y sus historias, sus monumentos que parecen flotar o simplemente por los caprichos de la naturaleza. Cuando todo eso se junta, da como resultado un sitio que desafía todas las normas que creíamos escritas. Es lo que sucede con el Monasterio Nido del Tigre en Bután, en el corazón del Himalaya.
El nombre con el que se conoce en la actualidad da una pista acerca de la leyenda que se cuenta en torno a él. Se dice que, en el siglo VIII, Guru Rinpoche voló hasta ahí a lomos de un tigre para meditar en una cueva durante tres años, tres meses y tres días, el tiempo necesario para convertirse en un lama. Tras su retiro, difundió el budismo por todo el reino de Bután.
Entre los locales, se conoce como Takstang Palphug. Lleva ahí, como colgado de un precipicio, desde el año 1692, aunque en 1998 se vio severamente afectado por un incendio. Se considera el lugar cultural por excelencia del país, un destino de peregrinaje en busca del nirvana o la plenitud absoluta y, desde luego, el punto más fotogénico y fotografiado de la zona.

El templo se ubica en el valle del Paro, la capital, y a pesar de que la subida no es para nada sencilla, son muchas las personas que la completan. O bien por turismo, o bien por encontrar esa espiritualidad en la meta. El sendero ya comienza a 2.600 metros de altitud, una advertencia de que el recorrido será costoso y largo, y alcanza los 3.120 metros de altitud.

El monasterio se va viendo desde diferentes puntos de vista y hay paradas para disfrutar de las vistas con miradores y cafeterías que empiezan a aparecer a las dos horas de trayecto. Prácticamente todo el camino va marcado por una sucesión de banderines de tela en azul, blanco, rojo, verde y amarillo, que representan el cielo, el agua, el fuego, el aire y la tierra, respectivamente.

Para preservar la santidad del espacio, dentro no se pueden hacer fotografías y los visitantes deben descalzarse como muestra de respeto. Se puede ascender un poco más a través de un sendero más estrecho y menos transitado para contemplar otra panorámica del Nido del Tigre. Se tarda solo media hora, pero no es demasiado recomendable para personas que sufran de vértigo.
Curiosidades
En el corazón de la comarca de El Bierzo, situada al oeste de la provincia de León, se halla un lugar de apenas 50 habitantes que cautiva tanto a turistas como a locales por su arquitectura de siglos de historia. Se trata de Balboa, un diminuto núcleo urbano, perteneciente al término municipal del mismo nombre, que se encuentra a tan solo tres horas de Salamanca y que parece haberse detenido en el tiempo.
El gran atractivo turístico de esta localidad de Castilla y León reside en las edificaciones prerromanas que ha conservado durante más de 2.000 años. Nos referimos a las históricas 'pallozas', construcciones tradicionales del noroeste de España, cuyo origen data del siglo I a.C.
Estas edificaciones presentan una planta circular con paredes de piedra coronadas por tejados en forma de cono construidos con paja de centeno y otros elementos vegetales. Aunque la mayoría de estas casas han sido reconvertidas en locales turísticos, como bares o restaurantes, todas ellas conservan su estructura original.
Pero el encanto de Balboa no solo reside en sus 'pallozas'. A la entrada del pueblo se encuentra su famosa playa fluvial, ideal para darse un chapuzón durante los meses de verano. También hay que destacar la Casa de las Gentes, que alberga la oficina de turismo y un museo en el que se puede disfrutar de la exposición permanente del escultor Domingo de Canteixiera llamada El lenguaje de la madera.
Otro de los lugares de interés del pueblo es la Iglesia de Santa María, un templo que fue construido en el siglo XVI sobre otro de origen románico. Es una de las muestras más destacadas del estilo renacentista berciano, que conserva además algunos elementos del románico en la cabecera. La iglesia tiene una planta de una sola nave, dividida en cuatro tramos coronados con una bóveda de cañón con lunetos.
En lo alto de una colina se hallan las ruinas del Castillo de Balboa. De toda su estructura, solo la torre del homenaje permanece en pie. Se desconoce la fecha de origen de la fortaleza, pero se sabe que perteneció durante el siglo XIV a los Rodríguez de Valcárcel. En el siglo XV pasó a manos del Conde Lemos y de los Marques de Villafranca, hasta que los Reyes Católicos lo adquirieron para incorporarlo a la Corona de León. El castillo fue declarado Bien de Interés Cultural en el año 1949 y su entrada es totalmente libre y gratuita.
Curiosidades
Siglo I d.C. El emperador Octavio Augusto lidera la explotación de los yacimientos auríferos del noroeste peninsular cuando llega a la comarca de El Bierzo, pero este no será un lugar como los demás. En sus montañas, los romanos llevaron a cabo un sistema de ingeniería hidráulica conocido como ruina montium descrito detalladamente por Plinio el Viejo en su obra Naturalis Historia.
Este consistía en la excavación de una compleja red de galerías y túneles en el interior de la sierra en los que se introducía después agua almacenada en grandes depósitos de las zonas altas, comprimiendo el aire por presión y provocando el derrumbe de la estructura, cuyos lodos y sedimentos lavaban en canales de madera para separar el oro por decantación. Así fue como crearon la actual fisonomía de Las Médulas.
Caracterizada por sus picachos rojizos y sus grandes oquedades, Las Médulas fueron explotadas por los romanos durante aproximadamente dos siglos. Una vez se alcanzó el agotamiento del yacimiento y el coste de la extracción se elevó, el lugar fue abandonado, pero no sin antes haber extraído, según la estimación de los historiadores, entre 800.000 y 1.500.000 kg del preciado metal, cambiando por completo la orografía del lugar.
Ahora, este paisaje cultural donde la intervención humana y la naturaleza han creado un ecosistema propio, es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, una joya sin oro, pero prueba viva de la excepcional tecnología romana y la transformación de la que fue capaz. Tras el cese de la actividad, el entorno fue colonizado por la vegetación mediterránea y continental, destacando la presencia de castaños plantados originalmente para alimentar a los trabajadores de la mina y proporcionar madera para las estructuras.
Para visitar Las Médulas se recomienda empezar por el Centro de Recepción de Visitantes para conocer la magnitud del lugar. El punto de observación más emblemático es el Mirador de Orellán, que proporciona una vista panorámica de todo el circo minero, los picos rojos y la extensión de castaños. Cerca del mirador está la Galería de Orellán, un túnel excavado que permite entrar a la montaña y observar las marcas de las herramientas romanas, terminando en un balcón sobre el vacío. En la parte baja del recinto destacan formaciones como La Cuevona y La Encantada, enormes cavidades resultantes de los derrumbes.
Existen también diversos itinerarios señalizados para recorrer el lugar a pie, en bicicleta o a caballo. La ruta más famosa es la senda circular de las Valiñas, que atraviesa el corazón del bosque de castaños y permite llegar a la base de los grandes farallones. La senda de los Poblados recorre los antiguos asentamientos donde vivían los trabajadores de la mina, y la senda del Lago de Carucedo ofrece una visión de cómo el impacto hidrológico modeló el lugar.
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La costa de Cádiz posee enclaves inolvidables y no sólo por la estampa paradisíaca que dibujan sus paisajes. Uno de ellos se encuentra en la costa noroeste de gaditana, concretamente en la playa de las Tres Piedras. Un total de 250 metros de largo y 60 metros de ancho, uno de los lugares más en boga en los últimas temporadas estivales, donde la felicidad campa a sus anchas.
La playa de las Tres Piedras, situada entre el faro y la Punta de Camarón, es la más conocida y popular de Chipiona. Dispone de todo lo necesario para vivir una jornada playera de ensueño, coronada con una experiencia gastronómica ideal en alguno de sus diferentes chiringuitos. Uno de los más populares entre el público de todas las edades es Ohana, y desde este lunes 30 de marzo ya tiene sus puertas abiertas de par en par para contemplar el Atlántico desde una pespectiva privilegiada. Al igual que otros establecimientos similares de esta playa, Ohana lo tiene todo listo para hacer felices a sus clientes desde este Lunes Santo.
Ohana Tres piedras nació en 2011 como Centro Venturi. Se definen como unos apasionados del mar y la naturaleza, así como de los deportes que se practican en ella. Tanto es así que en los años de Venturi crearon una familia entre trabajadores, clientes y practicantes de deportes náuticos de la zona, una familia unida por estas pasiones. “De este concepto nace el nombre de Ohana, de ese sentimiento de hermandad. La familia de Tres Piedras, la que es para nosotros la playa más divertida de la zona”, afirman.

Dispone de una carta variada que conquista a los paladares más exigentes de mayores y pequeños. Gildas, salmorejo, ensaladas, y pokes, niguiris, sashimi, tartar de atún, pan bao, woks y tacos. La carta de Ohana también consta de un apartado denominado 'Friendo Cádiz', con frituras de pescado, croquetas, tortillitas de camarones y gyozas. No faltan las carnes a la brasa, la hamburguesa vegana, y una lista de postres entre los cuales se encuentran el coulant de chocolate, la tarta de queso al horno, el arroz con leche y helado y la tarta de galletas, entre otros.
El tardeo, el buen ambiente y la música son los protagonistas en Ohana, tras la comida. Dj´s y actuaciones en directo que hechizan a los clientes, quienes tienen a su disposición una amplia gama de bebidas y cócteles.
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Como dicen ellos, "a simple vista parecemos un bar de barrio". Pero no. Las Rías Bajas de Gijón es una sidrería, un restaurante, si queréis hasta un bar, pero es sobre todas las cosas un templo del vino. Este local, a dos pasos del parque de los Pericones, es la mejor vinatería de Asturias y seguro que una de las mejores de España.
El jefe de todo esto es Felipe Ferreiro, un asturiano de Mönchengladbach. Las Rías Bajas es la sidrería que sus padres abrieron en 1985 en el barrio de El Llano de Gijón tras regresar de Alemania. Felipe lo ha ido transformando. Sigue pareciendo una sidrería popular, pero es en realidad un bar de vino, de muchos y variados vinos del mundo.
Junto a unas mesas sencillas, la barra de metal, el calendario de toda la vida y el escudo del Sporting, se disfruta allí de raciones de embutido, quesos y torreznos. Un sitio como tantos otros; otra buena sidrería, "Pero también somos mucho más", explican Ferreiro y su hermano. Presumen de que su negocio es "uno de los mejores lugares para descubrir vinos de cualquier parte del mundo por copas, sin tener que pagar una botella entera".
Un día cualquiera en Las Rías hay como poco entre 30 y 40 referencias de vino para pedir por copas, repetimos, ¡por copas! Los precios van de los 4 a los 25 euros. La bodega incluye etiquetas de medio mundo: Borgoña, Toscana, Alsacia, Provenza, Burdeos, Douro, Tokaji, Santorini, Champaña, Piamonte... y por supuesto, Jerez, Rioja, Ribera del Duero y los vinos de mucho autor y poca DO que hoy se hacen en España.
La pasión de Felipe hace que te "explique" cada vino para saber bien qué te llevas a los labios (en las mejores copas). Esa pasión, que viene de haberse formado profesionalmente en esto de la enología, le ha llevado a crear Ferreiro Selección, su propia distribuidora.
Y todo, en una sidrería de toda vida. El resultado es que junto a un parroquiano gijonés tomando unos culines de sidra tenemos a un par de aficionados al vino llegados de Oviedo, de León o de Santander probando un Oporto o un cabernet de Burdeos. Porque el secreto de lo que empezó a ser Las Rías Bajas de Ferreiro se ha hecho un sitio entre los aficionados de media España gracias al boca oreja.
Para acompañar esas copas de excelsos vinos de medio mundo, el restaurante ofrece una carta con mas carnes que pescados. De raciones y medias raciones, los precios van de los 10 a los 45 euros (el chuletón de vaca vieja).
Para empezar tablas de embutidos y quesos, y tostas, pero también tomate y burrata, croquetas, pastel de cabracho casero o torreznos de Soria. Ya metidos en obras mayores, calamar fresco, pulpo a la gallega, lacón cocido, oreja a la gallega, callos caseros, longaniza de Avilés, escalopines al Cabrales o el omnipresente cachopo.
Las Rías Bajas, calle Poeta Alfonso Camín 10, Gijón
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Llega el fin de semana de Pascua y, con él, una oportunidad ideal para desconectar y disfrutar del tiempo libre en un ambiente festivo y primaveral. Entre tradiciones arraigadas, escapadas al aire libre y propuestas culturales, estos días invitan a salir, compartir y descubrir rincones del territorio con familia o amigos. Tanto si buscas planes tranquilos como experiencias más activas, la oferta es variada y pensada para todos los gustos. Por eso, hemos seleccionado algunas propuestas destacadas para aprovechar al máximo estos días.
Viernes 3 de abril, el Teatro de La Pasión de Esparreguera acoge una nueva representación de La Pasión de Esparreguera, uno de los espectáculos de cultura popular más emblemáticos y con más tradición del país. Con siglos de historia detrás, esta propuesta combina patrimonio e innovación con una puesta en escena que se adapta a los nuevos tiempos sin perder su esencia. En esta ocasión, se presenta el nuevo formato, más ágil y dinámico, que condensa en una sola sesión la vida, pasión, muerte y resurrección de Jesús, con música en directo interpretada por la orquesta y coral. Una experiencia intensa y emotiva que mantiene viva una de las grandes tradiciones escénicas de Cataluña.
Viernes 3 de abril, el Algues Club de la Ràpita acoge el concierto de Pepet y Marieta en el marco de su gira de despedida ‘L’última i mo n’anem’. La banda ofrecerá un espectáculo festivo que combina sus grandes éxitos con nuevas canciones, en una velada pensada para celebrar su trayectoria con el público. La noche continuará con sesión de DJ a cargo de Óscar Sánchez, convirtiendo la cita en una auténtica fiesta hasta la madrugada.
Sábado 4 de abril, Garriguella acoge la XXVII Feria de la Garnacha y del Buñuelo del Empordà, una jornada que valora la gastronomía y los productos de proximidad del territorio. Con un programa lleno de actividades que se inicia con el pregón y culmina con una batucada, la feria ofrece degustaciones, puestos y un ambiente festivo donde la garnacha y los buñuelos son los grandes protagonistas. Una propuesta ideal para disfrutar de los sabores del Empordà en un entorno cercano y animado.
Los días 3 y 4 de abril, el Parque del Riuet de Sort acoge la 14.ª edición de la Muestra de quesos artesanos de Cataluña, una cita imprescindible para los amantes del queso y la gastronomía local. Durante dos días, los visitantes podrán disfrutar de un mercado con queseros artesanos, un área de cata, actividades de maridaje con vinos del Pallars, así como talleres y propuestas de animación para todos los públicos. El horario incluye, viernes, apertura del mercado de 10 a 15 h y de 17 a 20 h, mientras que el sábado se alarga hasta las 19:30 h; paralelamente, el Obrador del gormand y el Abeurador funcionarán en franjas similares hasta las 21 h. El evento se presenta como una excelente opción para descubrir sabores auténticos del territorio y disfrutar de una experiencia gastronómica completa.
Los días 5 y 6 de abril, diversos barrios de Martorell se llenan de música y tradición con la Cantada de Caramelles, una celebración de Pascua arraigada en la población desde 1930. El domingo por la mañana, a partir de las 9 h, el recorrido comenzará en el barrio de Rosanes y pasará por la Fuente de la Mina, el Puente del Diablo y la iglesia de Cristo Salvador, coincidiendo con la salida de misa, para acabar en la plaza de la Villa con el sorteo y entrega de la mona gigante. El lunes, también desde las 9 h, los caramellaires iniciarán el itinerario en la plaza de la Era del Pedró y recorrerán diversos espacios como Can Carreres, el Parque Europa, la Residencia Sant Joan de Déu y diferentes ramblas, hasta cerrar la fiesta en el Centro Cultural, manteniendo viva una de las tradiciones más emblemáticas del municipio.
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Es una de las penínsulas más pintorescas del Mediterraneo español, hogar de escritores y archiduques y, a día de hoy, uno de los favoritos de artistas como Michael Douglas o Mark Knopfler, pero sobre todo, es conocido por ser uno de los cielos más bonitos del país, con un enclave único desde el que despedir el atardecer.
Famosa por sus calles empedradas, espectaculares vistas y calas, como la Cala Deià, de un turquesa indescriptible, la corona de esta isla balear se esconde sobre un promontorio rocoso de 600 metros de largo y 85 de alto, donde la Sierra de la Tramuntana, declarada Patrimonio de la Humanidad en 2011, se extiende hasta encontrar el mar.

Cuenta la leyenda de Deià, en la coste norte de Mallorca, que siglos atrás se preguntó al archiduque San Luis, figura fundamental de la isla, por qué había gastado su dinero en comprar aquella región, a lo que él respondió: “¿Son Marroig? ¡Pero si me lo han regalado! Lo que yo he comprado por este dinero ha sido el agujero de la Foradada, lo demás iba de propina”.

Muchos años después de su muerte, su residencia de Son Marroig continúa intacta, y Sa Foradada, al fondo, con su impresionante ojo mediterráneo, continúa recibiendo la visita de cientos de curiosos que buscan el cielo más bello de las baleares, y determinan cuál de las dos leyendas cumplirá con la expectativa: si el ojo de un monstruo marino que nace de la Tramuntana o una cicatriz de guerra producto de un barco pirata.

Desde la antigua casa del archiduque hasta un pequeño embarcadero, la ruta de Sa Foradada recorre los 600 metros de promontorio rocoso que conforman su saliente, un total de 7 kilómetros, ida y vuelta, sobre una pista de tierra asequibles para cualquier senderista, en una ruta lineal que, si aprovechas a última hora del día, podrás disfrutar de unas espectaculares vistas al atardecer, especialmente en tu regreso, justo a la casa, al inicio de la ruta.
En el kilómetro 65,8 de la carretera de Valldemosa a Deià encontrarás el aparcamiento desde el que inicia la ruta. Desde él accederás al antiguo hogar, hoy museo, de San Luis, y continuando el camino, en una pista que zigzaguea sobre la pista de la Tramuntana, miradores, calas y cuevas que abren su vista hacia el mar.

El ascenso a la muela de Sa Foradada, de 18 metros de diámetro, es posible a principio y final de año, y prohibido entre el 1 de febrero y el 15 de octubre, por ser un espacio donde anidan ejemplares del halcón marítimo.
La ruta completa dura unos 45 minutos de ida y aproximadamente una hora de vuelta, ya que el inicio es descendente y, por consecuencia, el regreso es en ascenso, y pese a su escasa dificultad, se recomienda llevar agua y evitar las horas centrales durante el verano.

Por recomendación de la escritora Gertrude Stein, Graves llegó a Deià tras recibir el consejo de esta: "Mallorca es el paraíso, si puedes soportarlo".

Actualmente, su casa es museo de sus vivencias, conservanco intactas estancias enteras como su despacho, su imprenta o sus jardines. Hoy, el británico está enterrado en el cementerio de la región, bajo una inscripción que reza: "Robert Graves, Poeta".
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