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Macedonia del Norte reúne influencias históricas que van desde la época romana hasta el periodo otomano.

No es uno de los destinos más habituales a los que hacer una escapada dentro de Europa, pero Macedonia del Norte lleva tiempo apareciendo como alternativa para quienes buscan viajar sin que les cueste un riñón y ya han recorrido muchas de las principales capitales. Situado en los Balcanes, este pequeño país combina ciudades con historia y una oferta cultural y gastronómica que refleja las distintas influencias de la región a lo largo del tiempo.

A medida que recorres el país, descubrirás ciudades con herencia otomana bien conservada, mercados que siguen funcionando como puntos centrales de la vida local y una cocina que combina ingredientes y técnicas de distintas tradiciones. Todo ello lo encuentras en distancias relativamente cortas que te facilitan organizar una ruta sin la necesidad de hacer grandes desplazamientos.

El lugar más representativo de Macedonia del Norte es Ohrid, una ciudad situada junto al lago del mismo nombre. Su conjunto histórico forma parte del listado de la UNESCO desde 1979, lo que la convierte en uno de los principales puntos de interés del país y no es para menos: las vistas al lago son de lo más bonito que hemos visto.
En esta zona se concentran varios puntos relevantes que explican su reclamo. Hay iglesias medievales, restos de distintas etapas históricas (Ohrid combina herencia bizantina, medieval y otomana) y un entorno natural marcado por el lago de un azul intenso que hace que por un momento te olvides de que no estás frente al mar (recordemos que este país montañono no tiene acceso al mar y está rodeado por Grecia, Bulgaria, Serbia, Kosovo y Albania).

La iglesia de San Juan Kaneo, situada sobre un acantilado, es probablemente la postal más reconocible. Pero no es la única iglesia: aquí hay 365 templos. Por algo es Ohrid conocida como la “Jerusalén de los Balcanes”.
La capital, Skopje, da a tu viaje una perspectiva completamente diferente y verás que está llena de contrastes. Su centro ha sido transformado en las últimas décadas, pero aún conserva zonas donde la influencia otomana es claramente visible, especialmente en el antiguo bazar, el Čaršija de Skopje.

Este barrio mantiene la estructura típica de un mercado tradicional, con calles estrechas, mezquitas y talleres, y es uno de los espacios donde mejor se percibe esa continuidad histórica pese a que todo a su alrededor haya podido cambiar bastante.
No olvides tampoco pasear por la Fortaleza de Kale ni hacer una lista de cuántas de las 1.000 esculturas que hay en la ciudad encuentras.

Como ocurre siempre que se da una mezcla de culturas y etapas históricas, la cocina de Macedonia del Norte refleja bien su posición geográfica. Hay platos que recuerdan a la tradición balcánica, otros con influencia otomana y otros elementos que conectan con la dieta mediterránea.
Entre los más habituales que fácilmente encontrarás en sus restaurantes están preparaciones a base de carne, verduras (se usa mucho el pimiento o la berenjena), queso y pan.
No te puedes ir sin probar el tavče gravč, (el plato nacional de alubias horneadas en cazuela de barro), que va acompañado frecuentemente de ajvar (crema de pimiento asado), y el burek (hojaldre relleno de queso, carne o espinacas).
Uno de los principales atractivos de Macedonia del Norte es el coste. En comparación con muchos países de Europa occidental, el alojamiento, la restauración y el transporte interno son mucho más económicos y permiten viajar sin preocuparse de volver a casa con la cuenta a cero.
Gracias a ello, también puedes plantearte hacer un viaje más largo de lo habitual y, lo mejor de todo, sin apenas gente. precios no están tan tensionados por la demanda turísticaAl no ser un destino masificado, los . Eso también implica que la infraestructura turística es más limitada en algunas zonas, y es algo a tener en cuenta en la planificación del viaje. Eso no significa que el transporte entre ciudades no exista, pero no siempre es rápido y en algunos casos alquilar coche puede facilitarte el recorrido.
No olvides que la moneda es el denar macedonio, y aunque el uso de tarjeta está extendido en ciudades, en zonas rurales puede ser necesario llevar efectivo.
Curiosidade
Los volcanes han sido, en la historia del planeta, los principales arquitectos de un mundo habitable, transformando una roca inerte en un sistema dinámico capaz de albergar vida. Al liberar gases atrapados en el manto, las erupciones primitivas generaron la atmósfera inicial y el vapor de agua que, al condensarse, dio origen a los primeros océanos. Además de estabilizar el clima mediante el ciclo del carbono, la actividad volcánica proveyó los minerales esenciales y la energía térmica necesaria para que las primeras moléculas orgánicas se organizaran. El vulcanismo fue, en muchos sentidos, el motor que encendió la chispa biológica en la Tierra. Pero hay volcanes y volcanes.
Algunos entran en erupción y otros cambian el clima del planeta, alteran continentes y dejan cicatrices visibles incluso millones de años después. Bajo la superficie aparentemente tranquila del Parque Nacional de Yellowstone se encuentra uno de estos últimos: un sistema volcánico tan vasto que no se expresa en forma de montaña, sino como una caldera, una depresión gigantesca fruto de antiguas explosiones.
Durante mucho tiempo, la narrativa en torno a Yellowstone ha oscilado entre el alarmismo y la tranquilidad. Hace unos 640.000 años, la última gran erupción expulsó alrededor de 1.000 kilómetros cúbicos de material volcánico, suficiente para cubrir regiones enteras con capas de ceniza de varios metros de espesor. Pero esa no fue la mayor. Si retrocedemos aún más, hasta hace unos 2,1 millones de años, encontramos un evento todavía más colosal: cerca de 2.450 kilómetros cúbicos de roca fundida, cenizas y gases liberados en una sola erupción. Para ponerlo en perspectiva, hablamos de volúmenes miles de veces superiores a los de erupciones históricas como la del Monte Santa Helena en 1980. Pero Yellowstone no es el único.
Al otro lado del planeta, parcialmente oculta bajo el mar, se encuentra otra de estas cicatrices geológicas: la caldera Kikai, en Japón. Hace unos 7.300 años protagonizó una de las mayores erupciones del Holoceno, liberando entre 300 y 500 kilómetros cúbicos de material. La explosión fue tan violenta que cubrió amplias regiones del sur de Japón con ceniza volcánica y probablemente contribuyó al colapso de culturas humanas de la época. No alcanzó la escala de las mayores erupciones de Yellowstone, pero se situó en un rango capaz de alterar de forma significativa el entorno regional.
Y, como Yellowstone, Kikai tampoco está muerta. Un estudio reciente publicado en Nature Geoscience, junto con observaciones geofísicas analizadas por científicos de Universidad de Kobe, apunta a que el sistema magmático bajo la caldera no está inactivo, sino en constante evolución. El magma no permanece quieto como un lago subterráneo. Se mueve, se mezcla, se enfría y se recalienta. Y, sobre todo, se recarga.
De acuerdo con los autores, liderados por Nobukazu Seama, bajo Kikai se extiende un sistema complejo de reservorios magmáticos que suman miles de kilómetros cúbicos de material parcialmente fundido. No todo ese material está listo para erupcionar, pero sí lo suficiente como para mantener un sistema activo. La imagen más ajustada no es la de una bomba a punto de estallar, sino la de un organismo que respira lentamente. El terreno se eleva y se hunde a lo largo de los años, los enjambres sísmicos se repiten, el calor fluye hacia la superficie alimentando géiseres y fuentes termales.
Y el equipo de Seama sugiere algo importante: esa recarga de magma puede producirse en escalas de tiempo más rápidas de lo que se pensaba. No hablamos de una erupción inminente, pero sí implica que estos sistemas no son estructuras pasivas que esperan durante cientos de miles de años sin cambios. Son dinámicos, sensibles, y capaces de reorganizarse internamente en periodos relativamente cortos desde el punto de vista geológico.
“Debemos comprender cómo se pueden acumular cantidades tan grandes de magma para entender cómo se producen las erupciones de calderas gigantes”, confirma Seama en un comunicado.
Si alguna vez ocurriera una nueva supererupción, sus efectos serían profundos, pero conviene alejarlos del terreno del apocalipsis fácil. A escala regional, grandes extensiones de las islas japonesas quedarían cubiertas por ceniza, afectando a la agricultura, al suministro de agua y a las infraestructuras. A escala global, los aerosoles volcánicos podrían enfriar temporalmente el clima, alterando patrones meteorológicos durante años. No sería el fin del mundo, pero sí un evento de enorme impacto.
Lo que sí revela el estudio es algo más interesante: Kikai no es una amenaza latente en espera de activarse, sino un sistema que nunca ha dejado de estar activo. Su aparente quietud es solo una ilusión a escala humana.
Curiosidades
La búsqueda de vida en otros planetas se basa, a falta de algo mejor, en lo que conocemos en la Tierra. Sin embargo, esta situación podría cegarnos ante formas de vida radicalmente diferentes, limitando así nuestras posibilidades de descubrimiento.
Durante décadas, los astrónomos han analizado las atmósferas de exoplanetas en busca de gases como el oxígeno o el metano. Estas moléculas, cuando están presentes en grandes cantidades, se consideran signos potenciales de actividad biológica. No obstante, esta estrategia se basa en la suposición de que la vida extraterrestre funciona de manera similar a la nuestra. Además, procesos químicos no biológicos pueden a veces producir estos mismos gases, lo que hace que las interpretaciones sean delicadas y estén sujetas a controversias.
Para superar estas limitaciones, un equipo de investigadores dirigido por Sara Walker propone un enfoque radicalmente nuevo basado en la "Assembly Theory" (Teoría del Ensamblaje). Esta teoría, desarrollada en astrobiología, no se centra en la presencia de moléculas específicas, sino en la riqueza global de la química atmosférica. La idea es cuantificar cuán difícil es formar la diversidad de moléculas observadas, ofreciendo así un criterio más universal y menos vinculado a nuestro propio sesgo terrestre.
Cada molécula recibe un índice de ensamblaje, que corresponde al número mínimo de pasos necesarios para construirla a partir de componentes químicos simples. Las moléculas simples pueden aparecer por casualidad, pero aquellas que están muy elaboradas y requieren muchos pasos son poco probables sin un proceso de selección.
Si una atmósfera contiene una gran diversidad de moléculas con un alto índice de ensamblaje, y si estas moléculas presentan conexiones químicas estrechas, esto puede indicar la presencia de una forma de vida, o incluso de tecnología, sin presumir de su naturaleza exacta.
La aplicación de este método ha permitido a los científicos comparar la atmósfera de la Tierra con las de Venus, Marte y modelos de exoplanetas. Descubrieron que la atmósfera terrestre presenta una riqueza química muy superior, independientemente de cualquier sesgo observacional. Por ejemplo, aunque la Tierra y Venus tienen acceso a un conjunto similar de enlaces químicos, la Tierra muestra un entorno químico mucho más diversificado, probablemente gracias a su biosfera activa, lo que la distingue claramente.
Este enfoque es particularmente adecuado para futuras misiones espaciales, como el Observatorio de Mundos Habitables (Habitable Worlds Observatory) de la NASA, que pretende obtener imágenes directas de planetas similares a la Tierra. En lugar de dar una respuesta binaria, la Assembly Theory proporcionaría una puntuación de riqueza química, situando a los planetas en un espectro que va de lo abiótico a lo biótico. Esto permitiría evitar interpretaciones demasiado simplistas, basándose en técnicas como la espectroscopía infrarroja ya utilizadas por los telescopios espaciales.
La Assembly Theory, al liberarse de los prejuicios terrestres, abre así el camino a una búsqueda de vida más inclusiva. Supone que el Universo, con casi catorce mil millones de años, ha podido experimentar numerosas vías químicas que conducen a la vida. Amplía considerablemente nuestros horizontes en la búsqueda de vida entre nuestros vecinos cósmicos, sin imponer un modelo único basado en nuestra propia Tierra.
Beteve
Ya hace días que suenan alarmas sobre la afectación que la guerra en Oriente Medio puede tener sobre el tráfico aéreo. El 10 de abril los aeropuertos europeos alertaron a la Comisión Europea de la posible falta de combustible en tres semanas si el estrecho de Ormuz continuaba cerrado; cuatro días más tarde, Bruselas admitió posibles problemas de suministro si el bloqueo se alargaba demasiado más; y también la Agencia Internacional de la Energía había puesto el horizonte de seis semanas para empezar a sufrir desabastecimiento.
El estrecho de Ormuz se ha reabierto este viernes pero, de momento, solo mientras dure el alto el fuego entre Israel y el Líbano. La situación, por tanto, podría volver a cambiar y, si fuera así, volverían las dudas. ¿Qué podría conllevar el desabastecimiento?
Incluso antes de conocer la reapertura del estrecho, el aeropuerto de El Prat ha explicado que mantendrá la programación de la temporada de verano. La jefa de gabinete, Vanessa Requena, ha asegurado este viernes que a pesar del incremento del precio de los carburantes "no está sobre la mesa de nadie" reducir vuelos. En el acto de inauguración de una nueva ruta de JetBlue entre Barcelona y Boston, ha añadido que ninguna compañía les ha transmitido "ningún tipo de problema". Y concluye que, si el conflicto se alarga en el tiempo y llega el caso, se creará un grupo de trabajo con todos los agentes implicados para poder abordar la situación.
Fuentes conocedoras del sector explican que en caso de falta de combustible la incidencia dependería del contrato que cada compañía tenga con su suministradora de queroseno. Las que tengan el contrato más blindado, con precios y suministros cerrados a meses vista, serían las que más resistirían porque su apuesta "conservadora" les garantizaría que no serían las primeras en sufrir. En cambio, las aerolíneas que tienen contratos más laxas porque su política de abastecimiento busca quizás el precio más competitivo en cada momento, serían a priori las que más notarían el encarecimiento y, llegados el caso, el desabastecimiento.
Según el presidente de la Asociación de Líneas Aéreas, Javier Gándara, el precio del queroseno de aviación se ha duplicado desde que comenzó la guerra. Asegura que el combustible representa alrededor del 30 % de los costes de cualquier compañía y, por ello, destaca el reto que afronta el sector.
Ahora bien, de cara a la posible traslación al precio de los billetes, Gándara recuerda que "las grandes compañías españolas tienen contratos de cobertura que les asegura para los próximos seis u ocho meses hasta un 80 % del consumo de queroseno a un precio similar al que existía antes del conflicto, de manera que sólo está expuesta a la altísima volatilidad el 20 % restante, lo que ayuda a mitigar el corto y mediano plazo".
Sin embargo, de cara a los viajes de verano recomienda adquirir con tiempo el billete porque, "si continúa esta situación, las coberturas dejarían de ser efectivas", y por tanto, de aquí a unos meses sí podrían, dice, encarecerse los billetes.
El caso, sin embargo, es que en previsión de lo que pueda pasar aerolíneas europeas como Lufthansa o KLM ya han empezado a reducir la actividad y los vuelos por el encarecimiento del queroseno. Lufthansa, directamente, ha decidido detener la actividad de la filial regional CityLine, y eso quiere decir dejar sus 27 aviones en tierra.
Ante posibles supresiones de vuelos o encarecimiento de precios, es importante tener claro cuáles son los derechos de los viajeros. Según el abogado Dan Miró, especialista en el sector aeronáutico, "la compañía no puede subir alegremente el precio de un pasaje. Hay que hacerlo más de 20 días antes del vuelo". Pero, además, si es un billete aéreo incluido en un viaje combinado, Miró asegura que "la protección es más alta. Este aumento, si supera el 8-10 %, el viajero tiene derecho a cancelar todo el viaje y a recuperar el dinero, sin indemnización ni compensación", concluye
Si, en cambio, una persona a título individual compra el billete de avión, debe saber que la compañía aérea tiene derecho a cancelar cualquier vuelo sin dar explicaciones si lo hacen a más de 15 días de antelación. Eso sí, devolverán el precio del billete, pero no se hará cargo de otros servicios contratados como el alojamiento. Si fuera con menos de 15 días sí que el pasajero tiene derecho a compensaciones por el vuelo.
Ante la incertidumbre, el abogado Dan Miró recomienda hacer uso de las agencias de viajes en casos de salidas largas: "Cuando hablamos de este tipo de viajes tan grandes o complementadas con habitaciones de hotel, con más servicios, con vuelos internos dentro de los países, la protección del usuario aumenta mucho porque la agencia es la responsable de hacerse cargo de todo esto".
ecoticias
El glaciar Thwaites, en la Antártida Occidental, se ha convertido en un termómetro incómodo del planeta. Mientras los equipos científicos intentan entender por qué se derrite tan deprisa, ha aparecido una propuesta tan llamativa como discutida. La idea consiste en instalar una “cortina” anclada al fondo del océano para frenar el agua cálida que llega por debajo del hielo.
Suena a ciencia ficción, pero la amenaza es muy real. Thwaites ya empuja el nivel del mar hacia arriba y, si el sistema se desestabiliza más, el efecto se nota en las costas y en los puertos. ¿Es una solución salvadora o un parche caro que solo compra unos años?
Thwaites es el glaciar más ancho de la Tierra, con unos 120 kilómetros, y drena una cuenca enorme, comparable al tamaño de Gran Bretaña. Su pérdida actual de hielo aporta alrededor del 4 % del aumento global del nivel del mar, según el programa internacional que lo estudia.
El dato que más impresiona es el del posible colapso total. Si Thwaites llegara a colapsar por completo, el nivel medio del mar podría subir unos 65 centímetros, y además abrir la puerta a pérdidas adicionales en glaciares vecinos de la Antártida Occidental. No es poca cosa.
La amenaza no viene solo del aire. En buena parte, el problema es el agua oceánica relativamente cálida y densa que se cuela por canales y alcanza la base del glaciar, justo en su punto más frágil, cerca de la línea de apoyo.
A finales de enero de 2026, el British Antarctic Survey y el Korea Polar Research Institute anunciaron una campaña para perforar unos 1.000 metros de hielo con agua caliente y bajar instrumentos que midan corrientes y temperatura. El oceanógrafo Peter Davis lo dijo sin rodeos, “por fin podremos ver qué pasa donde más importa”.
Esa idea encaja con otra pista reciente. En marzo de 2026, un estudio liderado por British Antarctic Survey explicó que el motor principal de grandes retrocesos pasados en la Antártida Occidental fue el agua cálida del océano y lo resumió así, “cuando el océano se calienta, el hielo retrocede”.
La propuesta se parece, en el concepto, a una cortina gigante colocada donde no la vemos. No sería una pared rígida, sino una estructura flexible, de “tela” técnica reforzada, fijada al fondo para desviar parte del flujo de agua cálida profunda antes de que llegue a la base del hielo.
En la web del Seabed Curtain Project se plantea una cortina de unos 80 kilómetros de longitud y unos 150 metros de altura, anclada en fondos de alrededor de 650 metros frente a Thwaites. El propio proyecto sostiene que el objetivo es limitar el acceso del agua cálida a las zonas más vulnerables del hielo y retrasar la pérdida de masa.
La hoja de ruta, por ahora, va por fases. Hablan de un programa de tres años para desarrollar tecnología y probar prototipos en un fiordo de Noruega, y también de medir corrientes en la zona del mar de Amundsen para diseñar mejor cualquier barrera futura. Y ahí está el detalle. Antes de tocar la Antártida, quieren datos y pruebas.
El primer choque con la realidad es físico. La Antártida es un lugar extremo y la logística es limitada, con hielo a la deriva, tormentas y una ventana de trabajo corta. Además, aunque la cortina sea flexible, no puede funcionar como un tapón perfecto, y el agua puede buscar caminos alternativos.
Luego está la factura, y aquí conviene ser transparentes. En un análisis de viabilidad publicado en PNAS Nexus, los autores estiman costes iniciales del orden de 40.000 a 80.000 millones de dólares y un mantenimiento anual de 1.000 a 2.000 millones, según el diseño y el lugar. También advierten que no están pidiendo un despliegue inmediato, porque aún faltan prototipos, evaluación ambiental y debate público.
Y, por supuesto, está la gobernanza. Cualquier intervención en la Antártida tendría que encajar en el Sistema del Tratado Antártico, con evaluaciones de impacto y acuerdos internacionales. Ese debate puede ser tan duro como la propia ingeniería.
Puede parecer un asunto lejano, pero el nivel del mar no entiende de mapas. La Agencia Europea de Medio Ambiente calcula que el nivel medio global ha subido aproximadamente 23 centímetros desde 1900 y que alcanzó su valor más alto en 2024. Para 2100, sus rangos “probables” van desde 0,28 a 0,55 metros con emisiones muy bajas, hasta 0,63 a 1,02 metros con emisiones muy altas.
En España, los registros y estudios también apuntan a una tendencia al alza. Un trabajo divulgado por SINC señala que, desde 1993, el nivel del mar sube en torno a 2,8 milímetros al año, y que aproximadamente la mitad de ese aumento se relaciona con el deshielo en Groenlandia y la Antártida. Traducido a lo cotidiano, es más presión sobre playas, puertos y zonas bajas cada vez que llega un temporal. Y eso se nota.
Incluso si una cortina submarina lograra reducir la entrada de agua cálida bajo Thwaites, seguiría siendo una medida para ganar tiempo. El hielo responde al calor acumulado en el océano, y ese calor viene, en gran parte, del exceso de gases de efecto invernadero.
Por eso, el propio programa científico que estudia Thwaites insiste en que la mejor opción para retrasar estas pérdidas es una mitigación inmediata y sostenida, es decir, descarbonizar de verdad. A la vez, toca planificar la adaptación en costa, porque el mar ya está subiendo y las decisiones urbanas de hoy se quedarán décadas.
Curiosidades
Hay días de verano en los que el termómetro marca mucho, pero lo que de verdad te deja sin aire es esa mezcla de calor y humedad que se pega a la piel. No es solo incomodidad. Para el cuerpo, es una prueba de resistencia que puede volverse peligrosa en cuestión de horas.
La NASA lleva años siguiendo un indicador clave, la temperatura de bulbo húmedo, para saber cuándo el sudor deja de ser “nuestro aire acondicionado” natural. En Estados Unidos recuerda que el calor encabeza las muertes relacionadas con el tiempo. Sus modelos avisan de que hacia 2050 habrá zonas que rozarán un umbral crítico, y un estudio reciente sugiere que el riesgo puede aparecer antes.
La temperatura de bulbo húmedo es, dicho fácil, la medida que combina calor y humedad para estimar si el cuerpo puede enfriarse sudando. Cuando el aire ya está cargado de humedad, el sudor se evapora peor y el calor se queda “atrapado” en nosotros. Es como salir de una ducha caliente y notar que el baño no te da tregua.
En la práctica, este dato funciona como una señal de alarma para la salud. Si sube demasiado, aumenta el estrés térmico, se acelera la deshidratación y el corazón trabaja a contrarreloj para disipar calor. Y ahí es cuando una tarde normal puede convertirse en una urgencia.
La NASA explica que antes se medía con un termómetro envuelto en un paño húmedo, pero hoy se calcula con sensores en estaciones meteorológicas. Además, se apoya en observaciones desde el espacio para cubrir regiones con pocos registros, con instrumentos como AIRS (en el satélite Aqua) y ECOSTRESS (en la Estación Espacial Internacional), y con futuras misiones como SBG.
Durante años se ha usado una cifra como referencia, 35 ºC de bulbo húmedo sostenidos durante unas seis horas. Es el punto en el que, incluso con sombra y agua, el cuerpo ya no puede bajar su temperatura de forma segura solo con sudor. Esa idea se apoya en trabajos científicos sobre tolerancia humana al calor, y la NASA la utiliza para explicar el riesgo.
“Cuando el bulbo húmedo supera los 35 ºC, ningún sudor ni conducta de adaptación basta para enfriar el cuerpo”, resume el investigador Colin Raymond en un artículo divulgativo de la NASA. Pero hay una trampa. No hace falta llegar ahí para que haya víctimas, sobre todo en mayores, personas con enfermedades previas o quienes trabajan fuera.
De hecho, la propia NASA recuerda que en la ola de calor del noroeste de Estados Unidos en junio de 2021 se registraron muertes con un bulbo húmedo en torno a 25 ºC. Lo inquietante es que el planeta ya ha rozado el umbral teórico, con registros por encima de 35 ºC desde 2005 en lugares como Pakistán y el Golfo Pérsico. Y las lecturas algo inferiores, entre 32 y 35 ºC, se han triplicado en su periodo de estudio.
A la pregunta de “dónde puede pasar primero”, la NASA no habla de ciencia ficción, sino de probabilidad climática. Sus modelos señalan como zonas especialmente vulnerables hacia 2050 el sur de Asia, el Golfo Pérsico y el entorno del mar Rojo. Después, hacia 2070, sitúa el foco en el este de China, partes del sudeste asiático y Brasil.
Esto no significa que esos territorios vayan a ser inhabitables todo el año. El matiz importa. El riesgo se concentra en picos de calor húmedo que duran horas o días, justo los que disparan emergencias sanitarias y paralizan trabajos al aire libre.
Y aquí entra en juego lo que diga el termostato global. El IPCC advierte de que cada medio grado adicional de calentamiento aumenta la intensidad y la frecuencia de los extremos cálidos. En su informe físico más reciente, un episodio de calor extremo que antes ocurría una vez cada diez años pasa a repetirse alrededor de 4,1 veces por década con 1,5 ºC de calentamiento, y 5,6 veces con 2 ºC.
Además de mirar a 2050, la ciencia está revisando si el “límite de 35 ºC” se queda corto para describir el peligro real. Un estudio publicado en marzo de 2026 en Nature Communications aplicó el modelo fisiológico HEAT-Lim para analizar seis grandes olas de calor y concluyó que se han dado condiciones no supervivibles sin alcanzar los 35 ºC de bulbo húmedo.
La lista impresiona porque incluye ciudades muy distintas y una española. El trabajo revisó episodios en La Meca (2024), Bangkok (2024), Phoenix (2023), Mount Isa (2019), Larkana (2015) y Sevilla (2003), y en casi todos se asoció una mortalidad elevada. “Nuestra investigación muestra que hay condiciones no supervivibles en olas de calor actuales”, explicó la autora principal Sarah Perkins-Kirkpatrick en una nota de la Australian National University.
Otra idea clave es que el calor seco extremo también puede ser letal. A veces pensamos que la humedad es el enemigo principal, pero el cuerpo tiene límites tanto si el aire está “pesado” como si es muy seco y el sol cae a plomo. Eso cambia cómo miramos el riesgo en interiores peninsulares y en ciudades con poco verde.
En el fondo, el bulbo húmedo no es un dato para asustar, sino para planificar. Las medidas de adaptación son bastante terrenales, más sombra, más arbolado, refugios climáticos, horarios laborales que eviten las horas más duras y edificios pensados para ventilar y enfriar mejor. La idea es reducir exposición antes de que el cuerpo llegue al límite.
La NASA recuerda que el aire acondicionado es la herramienta más efectiva cuando el bulbo húmedo se dispara, porque reduce la humedad del aire. Pero también puede ser una trampa si se alimenta con energía sucia y si solo llega a quien puede pagarlo. Por eso, la transición a renovables y la eficiencia energética también son salud pública.
¿Y qué significa esto para quien no puede parar cuando aprieta el calor? Que los planes de prevención importan, con avisos claros, acceso real a sombra y apoyo a quien está solo. Mitigar CO2 frena el calentamiento de fondo, pero adaptarse decide cuánta gente llega bien al final del verano.
Curiosidades
Durante décadas, la terraformación ha alimentado la imaginación científica: convertir Marte en un lugar habitable, levantar allí una atmósfera, plantar bosques y, algún día, vivir más allá de la Tierra. Pero en A vivir que son dos días, un investigador español planteó otra pregunta mucho más urgente: ¿por qué dedicamos tantos esfuerzos a imaginar la vida en otro planeta cuando los ecosistemas terrestres ya están cediendo?
Víctor Maul, ingeniero de sistemas biológicos de la Universidad Pompeu Fabra, intervino desde la remota isla Ascensión para explicar por qué su equipo quiere replantear el concepto de terraformación. Integrado en el Laboratorio de Sistemas Complejos que dirige Ricard Solé en Barcelona, trabaja en aplicar esta idea a la restauración de ecosistemas que ya están en riesgo por el cambio climático. Como él mismo resumió: "Llevamos mucho tiempo estudiando la terraformación, pero desde una perspectiva distinta, no enfocada en Marte o la Luna, sino en cómo recuperar ecosistemas que aquí en la Tierra se están perdiendo".
Ese giro conceptual parte de un punto de partida claro: en la Tierra todavía hay margen para actuar; en Marte no. "Nosotros siempre decimos que Marte nos espera ahí para matarnos’, afirmó con ironía. ‘Sus condiciones son absolutamente imposibles para la vida’. Lo que sí preocupa a Maul es que muchos sistemas terrestres estén entrando ya en un punto crítico por culpa del calentamiento global. ‘El cambio climático está empujando muchos ecosistemas al precipicio’, advirtió.
Maul insistió en que el deterioro ambiental no es progresivo, sino abrupto: ‘El cambio en ecología no es lineal, es de golpe’. Y alertó de que, una vez que un ecosistema cruza cierta frontera, la recuperación ya no es posible. ‘Cuando el ecosistema cambia a un estado desértico no puede volver atrás’, explicó.
Por eso trabajan con grupos que investigan ecosistemas áridos, especialmente en la península ibérica. ‘Colaboramos estrechamente con gente que estudia ecosistemas áridos’, dijo. ‘En España tenemos muchísimos, y la presión del cambio climático los acerca a un precipicio’.
Su laboratorio intenta descifrar cómo anticipar esas transiciones bruscas y, sobre todo, cómo revertirlas cuando aún no es demasiado tarde. ‘Estamos investigando cómo poder revertir estos ecosistemas colapsados de golpe’, explicó.
Para Maul, la conclusión es clara: la terraformación relevante no está en Marte, sino en la Tierra. Los ecosistemas terrestres necesitan intervenciones basadas en ciencia sólida, no en sueños espaciales. ‘La cuestión no es plantar semillas en otro planeta’, resumió. ‘La cuestión es evitar que la Tierra deje de ser fértil’.
Curiosidades
Una vez más, el mundo submarino sorprende a la comunidad científica con un nuevo hallazgo. En esta ocasión, el descubrimiento ha tenido lugar en Turquía, bajo las aguas del lado de la presa de Dicle, al sureste del país otomano. Y no se trata de un barco aislado y hundido hace cientos de años, sino de los restos de una antigua ciudad con 2.400 años de antigüedad.
Un hallazgo nada desdeñable, que pone de manifiesto los misterios que albergan las profundidades en las aguas de todo el mundo, ya sea en mares, océanos o lagos, como en este caso. El estudio, publicado por la Universidad de Dicle, destaca la presencia de barrios enteros de la ciudad, junto a tumbas, mezquitas y escuelas religiosas, que se han mantenido en un perfecto estado bajo el agua.
El lago de la presa de Dicle se originó a finales de la década de 1990, con la construcción de dicha presa. Durante décadas, estas estructuras han permanecido ocultas al ojo humano. Gracias a la quietud de las aguas, y a la ausencia de la intervención humana, no habían vuelto a ver la luz hasta ahora. Momento en que la reducción del nivel del agua, motivada por problemas técnicos en una de las compuertas tras unas fuertes lluvias, ha hecho que emergiera nuevamente.
“En las imágenes tomadas por los equipos o cuando baja el nivel del agua, podemos ver que estas estructuras históricas han conservado su integridad y permanecen en pie en buen estado”, asegura İrfan Yıldız, investigador de la Universidad de Dicle.
En total se han identificado los restos de 78 viviendas, lo que indica la antigua presencia de una comunidad numerosa. Junto a ellas, diferentes espacios agrícolas junto al río Tigris, que indican una economía basada en la agricultura. Además, también se ha notificado la presencia de estructuras religiosas, como una mezquita y una madrasa, así como varios cementerios.
Antes de la construcción de la presa, el distrito de Eğil fue la cuna de multitud de civilizaciones antiguas, un cruce de caminos de imperios y culturas que dejaron su huella en el lugar. Este redescubrimiento ofrece una perfecta visión de cómo este enclave fue cambiando a lo largo de los siglos, con algunas estructuras que datan del siglo V antes de Cristo. No obstante, los restos encontrados son relativamente ‘jóvenes’ en comparación con el valle.
Un descubrimiento que ofrece un importante desafío para los arqueólogos, aunque las fluctuaciones del nivel del agua, el desplazamiento de sedimentos y la posible erosión hacen que las ruinas puedan desaparecer si no se toman las medidas adecuadas para protegerlas y documentarlas correctamente. “Es posible realizar estudios arqueológicos subacuáticos en estos restos”, explica Yildiz, con el objetivo de que se cartografíe y pueda conservarse de cara al futuro.
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Miradas Viajeras
Descubre los pueblos más bonitos de Japón en este documental en 4K, lugares llenos de encanto, tradición y paisajes que enamoran a cualquiera. Desde calles empedradas y templos antiguos hasta aldeas rodeadas de montañas y ríos cristalinos, cada rincón refleja la cultura y la historia japonesa. Capturado en impresionantes imágenes en 4K, este viaje te invita a explorar la belleza y serenidad de los pueblos japoneses, ofreciendo una experiencia única de turismo, aventura y conexión con la autenticidad de Japón.
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La ciudad de Andújar se prepara para vivir uno de los momentos más esperados del año: la Romería de la Virgen de la Cabeza 2026. Como es tradición, los días previos están repletos de actos culturales, religiosos y festivos que conforman el conocido Pórtico de la Romería, una antesala cargada de emoción, tradición y devoción.
A continuación, te detallamos todos los eventos programados:
5 de abril – Primer Domingo de Banderas
9 de abril
10 de abril
11 de abril
13 de abril
14 de abril
15 de abril
16 de abril
17 de abril
18 de abril
21 y 22 de abril
22 de abril
El Pórtico de la Romería 2026 ofrece una completa programación que combina tradición, cultura y devoción, preparando a Andújar para vivir intensamente una de las romerías más antiguas y emblemáticas de España.
EVENTOS ROMERÍA VIRGEN DE LA CABEZA 2026:
CanalMagazine
En el programa de hoy hemos tenido en el estudio a J.M. Izquierdo, Pedro Moll y Bea Soria junto a la participación por teléfono de Roberto Parodi y hemos tratado diversos temas de actualidad como Eurovision, hacienda, series del momento, los beneficios de la eyaculación según Oxford, la sección "Fake o no fake" y otros temas además de algunos estrenos musicales. También hemos regalado el libro "Tinta y sangre" de la ganadora del Nobel de literatura de 2024, la escritora surcoreana Kan Hang.
Lo podéis escuchar aquí: https://go.ivoox.com/rf/171980057
Hasta ahora la votación de la peor empresa de España de 2026 va así:
Linea Directa
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Renfe
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Correos Express
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Caixabank
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Curiosidades
Lo quEl descubrimiento se ha producido en 2026 durante una misión científica en el mar de Weddell, una de las zonas más remotas de la Antártida.
A bordo del rompehielos Polarstern, un equipo de 93 científicos internacionales se vio obligado a modificar su ruta debido a un fuerte temporal y la necesidad de buscar un refugio cerca de la isla Joinville. Fue entonces cuando ocurrió algo inesperado para los científicos.
Durante una pausa de camino al refugio, los científicos detectaron lo que parecía una especie de iceberg extraño, con un aspecto mucho más oscuro de lo habitual.
Tras observarlo más de cerca y analizarlo con una serie de instrumentos especializados, los científicos descubrieron que no se trataba de hielo, sino de una formación rocosa: una isla hasta entonces desconocida.
La isla mide aproximadamente 130 metros de largo, 50 metros de ancho y sobresale unos 16 metros sobre el nivel del mar.
Lo más llamativo del descubrimiento es que la zona ya aparecía en algunas cartas náuticas, pero no como tierra firme.
Los mapas lo señalaban simplemente como una «zona de peligro» sin especificar qué había exactamente en ese lugar.
Además, la posición real de la isla se encontraba mal localizada en los registros, lo que explica por qué había pasado desapercibida para los científicos durante años.
Más allá de su tamaño, el hallazgo tiene un valor bastante simbólico, ya que demuestra la importancia de mantener la exploración científica.
En un mundo que aparentemente está cartografiado entero, la naturaleza aún guarda bastantes sorpresas. Y, en este caso, hizo falta una tormenta para poder encontrar a esta isla.
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