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Este pueblo junto al Cantábrico y a menos de media hora de Santander aúna historia medieval y arte prehistórico.

En la costa occidental de Cantabria, a pocos kilómetros del mar y a medio camino entre Santander y Suances, se encuentra Santillana del Mar, uno de los conjuntos históricos mejor conservados del norte de España. Su fama se debe a qe desde hace décadas está considerada una de las villas medievales más notables del país por la integridad de su casco histórico y la calidad de su patrimonio civil y religioso.

Quien llega por primera vez se encuentra con un trazado urbano que se ha mantenido prácticamente intacto desde la Edad Media con calles empedradas, casonas de piedra con escudos nobiliarios y torres defensivas que recuerdan la importancia que tuvo la villa entre los siglos XII y XVI. Además, su declaración como Conjunto Histórico-Artístico en 1889 ya reconocía la importancia de esta villa.
Un conjunto histórico que conserva la Edad Media
El origen de Santillana está vinculado a la abadía dedicada a Santa Juliana, mártir del siglo III cuyas reliquias, según la tradición, fueron trasladadas hasta aquí y fue en torno a ese núcleo religioso donde creció la villa.

La actual Colegiata de Santa Juliana es uno de los principales ejemplos del románico en Cantabria. El claustro conserva capiteles esculpidos con escenas bíblicas, y el conjunto marcó el desarrollo urbano posterior. Durante siglos, la villa prosperó gracias a su posición estratégica en rutas interiores y a la presencia de linajes nobiliarios que levantaron palacios y torres. Entre los edificios más destacados se encuentran las torres del Merino y de Don Borja, el palacio de Velarde o la casa de los Hombrones.
Como el casco histórico tiene acceso restringido al tráfico durante gran parte del día, lo más cómodo es que utilices los aparcamientos habilitados en las entradas del municipio y recorras la villa a pie. El pavimento es irregular y con pendiente en algunos tramos, pero no es difícil de recorrer.
Altamira y el arte rupestre paleolítico
A menos de dos kilómetros del núcleo urbano se encuentran las cuevas de Altamira, descubiertas en 1868 y dadas a conocer científicamente por Marcelino Sanz de Sautuola en 1879. Las pinturas, del Paleolítico Superior (hace entre 36.000 y 13.000 años), están consideradas uno de los conjuntos más importantes del arte rupestre paleolítico. La cueva fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1985.

Por motivos de conservación, el acceso a la cueva original está muy restringido, por lo que la visita habitual se realiza en el Museo Nacional y Centro de Investigación de Altamira. Allí se encuentra la llamada “Neocueva”, una reproducción rigurosa que permite contemplar los famosos bisontes en condiciones similares a las originales. La entrada al museo es gratuita en determinados días y horarios, pero el aforo es limitado y conviene reservar con antelación en temporada alta.
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