jueves, 9 de julio de 2026

Canal Viajar : La comarca de Galicia que es una joya y pocos conocen: monasterios escondidos, santuarios de exorcismo y el cocido más célebre de España

  CanalViajar



Mientras las rías –Baixas y Altas–, islas como las Cíes y ciudades como Santiago acumulan visitantes y peregrinos, tierra adentro se extiende otra Galicia mucho menos transitada: fragas pobladas de carballos y castiñeiros, castros ocultos por la maleza, monasterios a los que se llega por caminos de piedra y leyendas cuyo origen se pierde en el tiempo. Ese corazón tiene nombre y hasta un hito que lo señala: la comarca del Deza, en el interior de Pontevedra, presume de ocupar el "kilómetro cero" gallego. Un punto de partida idóneo para descubrir que aquí, entre suaves montañas y valles fluviales, hay un puente construido por el diablo, un santuario donde todavía se habla de meigallos y el cocido más célebre —y sabroso— de toda Galicia.

Un puente y un pacto con el diablo

Pocos lugares encarnan tan bien ese espíritu como el monasterio de Carboeiro, en Silleda. Semioculto por un espeso bosque y bañado por las aguas del río Deza, que aquí discurre encajonado en una hoz de gran belleza, este cenobio benedictino cumplió a la perfección su cometido: aislar del mundo. "En su época de mayor esplendor aquí vivían hasta 70 personas, 40 de ellas monjes", cuenta Isabel Sobrado, guía del conjunto, mientras nuestros pasos resuenan bajo las bóvedas, en las que se mezclan sin complejos el románico y un gótico aún incipiente. La comunidad surgió en el siglo X, por iniciativa de los condes de Deza, y fue creciendo hasta levantar, a partir de 1171, la iglesia que hoy contemplamos, obra de discípulos del maestro Mateo, el genio creador del Pórtico de la Gloria de Compostela.

De ese parentesco da fe su portada principal, hermana pequeña de la catedral de Santiago. No es de extrañar que, además de acoger conciertos gracias a su excelente acústica, haya servido de escenario para series, películas y videoclips, entre ellos el de Noche y día, de Enrique Iglesias.

Esa misma fachada se convirtió en protagonista de un episodio digno de novela negra: a mediados del siglo pasado, dos esculturas del tímpano —un Cristo y un relieve con los símbolos de los evangelistas— fueron arrancadas y desaparecieron, para reaparecer décadas más tarde en un museo de Barcelona, procedentes de la colección de un empresario vinculado a los nazis. En 2023 la Xunta reclamó su devolución, y ahora aguardan su regreso a Galicia, de donde nunca debieron haber salido.

Frente a la entrada, un camino empedrado desciende hacia el Deza para cruzarlo por el Ponte do Demo. El nombre proviene de una antigua leyenda. "Cada vez que había riadas, el río se llevaba el puente —nos explica Mónica González Conde, concejala de Silleda—, y el demonio se ofreció a levantar uno que no cayera nunca, a cambio de las almas de quienes murieran el domingo de su estreno, entre la oración de maitines y la de vísperas". Los monjes aceptaron, pero burlaron al diablo alargando los rezos para que no hubiera interrupción entre ellos, y así el Maligno no pudo llevarse aquellas almas. Siglos después, el puente sigue en pie, con su perfil de lomo de mula, como testimonio de aquella astucia. 

Desde el monasterio arranca un sendero de unos 6 kilómetros que, tras unas dos horas de camino, premia con la visión de la Fervenza do Toxa, un salto de agua de unos 30 metros que tiene fama de ser una de las cascadas más altas de Galicia. Desde unos miradores encaramados sobre grandes rocas, a 70 metros de altura, se contempla el salto y la confluencia del Toxa con el Deza. La panorámica impresiona desde ese punto, pero merece la pena descender al pie de la cascada para sentir su bruma en la cara.

Dormir en el corazón de la fraga

Después de una jornada de emociones, no hay mejor refugio que el bosque. En la parroquia de Prado, a un paso de Lalín, una finca de 16 hectáreas de fraga gallega, con carballos y castiñeiros centenarios, acoge Huttopia Caminos de Galicia, que abrió sus puertas hace ahora un año. Aquí se duerme en tiendas con baño privado y en chalets de madera con terraza, al amparo de los árboles; se desayuna con pan recién hecho y se cierra el día con el canto de los pájaros bajo un cielo que, sin contaminación lumínica, se llena de estrellas siempre que las nubes lo permitan. A media tarde, la terraza del Centro de Vida —así llaman al espacio que reúne recepción, cafetería y zona de relax— invita a una pausa que ni siquiera el orballo es capaz de empañar; más bien al contrario. 

La ubicación de este paraíso celta —explica su director, Laureano di Dio, un argentino que cambió su Iguazú natal por una aventura europea que comenzó en la Toscana y hoy continúa en Galicia— no es casual: por la comarca discurren tanto el Camino de Invierno —la variante que une Ponferrada con Santiago bordeando el Sil para esquivar la nieve de O Cebreiro— como la Vía de la Plata. Saliendo a pie del propio recinto, se recorre un tramo de esta última hasta el Ponte Taboada, alzado en el año 912 sobre dos salientes de roca, que los peregrinos cruzan desde hace más de 1.000 años: apenas 50 minutos de ida, o 15 minutos de bicicleta. Huttopia es la base perfecta para descubrir la región, y a 500 metros espera la primera parada.

Una Galicia para el recuerdo

Esa parada es el Pazo de Liñares, un caserón que levantó el linaje de los Taboada, y cuyos muros guardan más historias de las que aparentan. Aquí nació Joaquín Loriga Taboada, uno de los protagonistas del vuelo Madrid-Manila de 1926, y por sus salones pasaron, en el XIX, plumas como las de Emilia Pardo Bazán o Ramón Cabanillas. Tras medio siglo de abandono y una rehabilitación ejemplar, el pazo alberga hoy el Museo Galego da Marioneta e o Xoguete, con cientos de piezas que nos devuelven a la infancia. "Abra puertas, cierre ventanas, toque la madera y la piedra: está en su casa", anima Coco, responsable de recibir a los visitantes, partidario de una visita libre e interactiva.


El gusto por el arte impregna la capital comarcal. Lalín se recorre siguiendo el rastro de sus esculturas urbanas —el aviador Loriga, el célebre cerdo de bronce que homenajea al cocido— y de sus museos, entre ellos el dedicado al pintor Laxeiro y a Ramón María Aller, sacerdote y astrónomo lalinense. La villa guarda además una sorpresa para los amantes de la arquitectura: su ayuntamiento, obra de vanguardia del estudio Mansilla + Tuñón, es una estructura abierta que dialoga con el entorno y organiza sus usos en torno a patios circulares abiertos a la plaza de Galicia, un contrapunto rotundo a la silueta de los pazos. A 4 kilómetros del centro, los carballos de Catasós elevan sus copas como columnas de una catedral vegetal; entre ellas halló Pardo Bazán, según cuentan, la atmósfera húmeda y umbría que respira su novela Los pazos de Ulloa.

Para entender las Terras do Deza, conviene detenerse donde se guarda su memoria. En la aldea de Codeseda, en la parroquia de Doade, la familia de Amparo Blanco Varela levantó hace décadas la Casa do Patrón, un ecomuseo que reúne más de 5.000 piezas del mundo rural gallego repartidas por varios edificios restaurados. Lejos de ser un almacén de objetos, es un lugar vivo que crece año tras año con nuevas piezas y actividades.

A pocos metros, el castro de Doade —uno de la treintena larga que salpican la comarca— prolonga ese viaje al pasado con sus murallas y fosos excavados, mientras el restaurante del museo sirve, previa reserva y en loza de barro, los platos más populares de la región, con el cocido de Lalín como bocado estrella.

Santos, meigallos y viejas ferias

La fe y la superstición convivieron durante siglos en Galicia con total naturalidad (basta recordar el dicho sobre las meigas: "Haberlas, haylas". En un paraje de la parroquia de Santa Baia do Losón ceñido por robles centenarios se alza el santuario de Nosa Señora do Corpiño, uno de los más antiguos y concurridos de Galicia. Desde su mirador se abren valles y montañas, con el Pico Sacro al fondo. El templo actual, de aire barroco, se levantó durante el siglo XVIII, pero su fama es muy anterior. Aquí se acude desde hace generaciones a curar el "ramo cativo" —así se llama en la zona a cierto mal de la mente y el espíritu— y aquí se han practicado exorcismos que los romeros tienen por "aprobados por el Papa". 

El fenómeno ha dado para mucha literatura: lo retrató el escritor Vicente Risco y lo estudió a fondo el antropólogo Carmelo Lisón Tolosana, que recogió tanto el griterío de los "energúmenos" durante la misa solemne como la fraternidad de los peregrinos. Antaño, la víspera de la gran romería de San Juan, en pleno solsticio de verano, los devotos llegaban a pie desde más allá de Santiago, cantando por los caminos, y pasaban la noche al raso junto a las hogueras de la feria; al repicar las campanas de madrugada, el bullicio se disolvía en batalla contra el demonio. Hoy las plegarias son menos teatrales, pero la devoción sigue intacta.

En la villa de Agolada, uno de los 6 municipios de la comarca, aguarda otra sorpresa centenaria: Os Pendellos, un recinto ferial de más de 4 siglos, laberinto de callejas adoquinadas entre puestos de columnas y mostradores de piedra que funciona como un retablo civil de la vieja Galicia. Aquí, donde los campesinos guardaban el ganado y la mercancía en casetas de piedra y suelo de tierra, se cerraban con un apretón de manos contratos sellados con el valor de la palabra. 

A pocos kilómetros, en San Xulián de Ventosa, una modesta iglesia de aldea esconde un tesoro que llevó al erudito Filgueira Valverde a bautizarla como "la catedral del arte rural gallego". Un sepulcro de piedra policromada —el del abad Lope de Ventosa— y los restos de dos baldaquinos que, con sus escenas talladas y pintadas del Antiguo y el Nuevo Testamento, hacían las veces de catecismo en imágenes para una feligresía que no sabía leer. Algunos atribuyen el conjunto, una vez más, a la escuela del maestro Mateo, así que el hilo que se abrió en Carboeiro se cierra aquí, como si el genio del Pórtico de la Gloria hubiera sembrado el Deza de discípulos.

El cocido, centro del centro

Pero por encima de piedras y leyendas, lo que ha llevado el nombre del Deza por toda España es un plato. El cocido —exaltación de los 'frutos' del cerdo, con su lacón, su cachucha, sus grelos y sus cachelos— encuentra en Lalín su capital indiscutible. La Feira do Cocido nació de una reunión de los seis concellos del Deza en 1968 y se celebró por primera vez al año siguiente; desde entonces no ha dejado de crecer hasta ser declarada, en 2020, Fiesta de Interés Turístico Internacional. Cada año, el domingo anterior al Carnaval, miles de personas peregrinan hasta aquí para rendirse al manjar por excelencia. El primer pregonero de la fiesta fue el escritor Álvaro Cunqueiro, que repartía el cerdo en regiones romanas —"Laconia, Cacheira, Tocinia…"— y en cuyo honor el municipio convoca hoy un premio de periodismo gastronómico. Saborear un cocido humeante en pleno invierno, en el punto exacto donde se cruzan todos los caminos de Galicia, es la mejor manera de comprender que el verdadero centro de la nación galega se encuentra aquí, en torno al calor de una buena mesa.

GUÍA PRÁCTICA

Dónde está y cómo llegar

La comarca del Deza ocupa el interior de Pontevedra, y su capital, Lalín, presume de marcar el centro geográfico de Galicia. El coche es la mejor forma de moverse entre pueblos, monasterios y rutas. Lalín está conectada por autopista (AP-53) con Santiago de Compostela, a unos 40 minutos, que es la puerta de entrada natural. Cuenta con aeropuerto (Rosalía de Castro) y estación de alta velocidad con conexiones a Madrid, Ourense, A Coruña y Vigo.

Mejor época para viajar

Para los amantes de la gastronomía, el mejor momento es el invierno, coincidiendo con la Feira do Cocido, que se celebra siempre el domingo anterior al Domingo de Carnaval y que pone punto final al 'Mes do Cocido' (mediados de enero y mediados de febrero). La víspera de San Juan, en pleno solsticio de verano, es la fecha ideal para contemplar la religiosidad popular que ofrece la romería de O Corpiño y para disfrutar de la comarca aprovechando el buen tiempo. En primavera y otoño las fragas ofrecen una exuberancia espectacular e invitan a recorrer las numerosas rutas de senderismo de la zona.

3 imprescindibles

  1. Recorrer el monasterio de Carboeiro, cruzar la Ponte do Demo y seguir el sendero entre castaños hasta la Fervenza do Toxa.
  2. Dormir en plena fraga y caminar –o pedalear– un tramo de la Vía de la Plata hasta el Ponte Taboada, un puente del año 912 sobre el Deza.
  3. Descubrir el Pazo de Liñares y el ecomuseo Casa do Patrón, y rematar la jornada ante un cocido humeante en Lalín.

Qué probar

Aquí no hay duda: el cocido de Lalín es el rey indiscutible de la mesa, con su lacón, cachucha, costilla, chorizo, garbanzos, grelos y cachelos. El pulpo es otro imprescindible de la zona, como en buena parte de Galicia. También hay que probar las carnes de esta comarca ganadera y los embutidos de la matanza. De postre, filloas y queso local con membrillo. Para acompañar, un buen vino gallego: no importa si es un ribeiro, un albariño o un caldo de la Ribeira Sacra.

Dónde alojarte

Huttopia Caminos de Galicia, en la parroquia de Prado (Lalín), permite dormir literalmente en el corazón de la fraga, a un paso de los lugares más emblemáticos de la comarca. Cuenta con parcelas para caravanas, tiendas de campaña, pero ofrece también cabañas y chalets de madera con terraza integradas entre carballos y castiñeiros, además de piscina climatizada y cafetería. Con el Camino de Invierno y la Vía de la Plata cruzando la comarca, es la base ideal para un viaje radial, de día entre piedra y bosque y de noche bajo un cielo sin contaminación lumínica.

Dónde comer

Casa Currás (Lalín), una casa fundada en 1941 donde el cocido y la cocina tradicional gallega se tratan con respeto. Pulpería Alto da Pena, en Prado, muy cerca del Pazo de Liñares, es una parada obligada para los amantes del pulpo a feira. Fogar de Breogán, en Santiso (Lalín), ofrece cocina gallega de producto en un entorno tan singular como evocador, con guiños celtas y espectáculo de queimada incluido.

Ideal para…

Familias —el camping de Huttopia es uno de los mejores rincones para ellas, gracias a su piscina y actividades—, parejas y viajeros amantes de la naturaleza, el senderismo y el Camino de Santiago; y, muy en especial, para quienes disfrutan combinando patrimonio, leyendas y buena mesa. 

El consejo del experto viajero

Para los amantes de la naturaleza, la Fervenza do Toxa impresiona más después de las lluvias, con el cauce crecido y la cámara lista para captar una instantánea del salto de agua y el espectacular entorno. Si se visita la Casa do Patrón y se desea probar su cocina, hay que reservar mesa previamente y, si el plan es la Feira do Cocido, asegurar alojamiento con mucha antelación, porque Lalín y la comarca se llenan esos días. 

Canal Curiosidades : ¿Qué está pasando con los bidones radiactivos de la Fosa Atlántica?

 CanalCuriosidades


Durante décadas, miles de bidones cargados con residuos radiactivos fueron arrojados al fondo del océano Atlántico como si el mar pudiera hacer desaparecer el problema. Hoy, más de medio siglo después, esos barriles vuelven a ser noticia. ¿El motivo? Una misión científica ha comprobado que algunos de ellos están muy deteriorados e incluso presentan fugas, reavivando el debate sobre los riesgos ambientales y qué debería hacerse con ellos.

La llamada Fosa Atlántica es una zona situada a unos 700 kilómetros de la costa gallega y a más de 4.000 metros de profundidad. Entre las décadas de 1950 y 1990, varios países europeos utilizaron este lugar para deshacerse de residuos radiactivos, una práctica que entonces estaba permitida y que hoy sería impensable.

Se calcula que en esa zona descansan más de 200.000 bidones. Durante años permanecieron prácticamente olvidados, pero el interés por conocer su estado ha aumentado a medida que la tecnología ha permitido explorar mejor las profundidades marinas.

En 2026, una expedición francesa liderada por el Centro Nacional para la Investigación Científica (CNRS) y el instituto oceanográfico Ifremer regresó a la zona dentro del proyecto Nodssum. Tras una primera campaña en la que lograron localizar y cartografiar más de un millar de barriles, los investigadores descendieron de nuevo hasta el fondo marino para comprobar en qué estado se encontraban.

Evaluar el riesgo

Las imágenes obtenidas no han pasado desapercibidas. Algunos de los bidones muestran un avanzado deterioro provocado por décadas bajo enormes presiones y en un ambiente altamente corrosivo. En varios de ellos, los científicos han confirmado la existencia de fugas de material radiactivo.

El BNG ha reclamado al Gobierno español que participe activamente en la investigación

Eso no significa que exista un peligro inmediato para la población. La radiactividad detectada se encuentra, por ahora, confinada en el entorno más cercano a los bidones y los expertos siguen analizando cuál puede ser su impacto real sobre el ecosistema marino. Precisamente ese es uno de los principales objetivos de la misión: determinar hasta qué punto estos residuos están afectando a la vida que habita en las profundidades del Atlántico.

El hallazgo ha reabierto también el debate político. El BNG ha reclamado al Gobierno español que participe activamente en la investigación y colabore con los equipos franceses para conocer el estado real de los residuos. La formación considera insuficiente limitarse a realizar controles radiológicos en aguas costeras y pide estudiar la posibilidad de retirar los bidones si los informes técnicos concluyen que puede hacerse con seguridad.

Sin embargo, esa última opción está lejos de ser sencilla. Recuperar barriles situados a casi cinco kilómetros de profundidad supondría una operación extremadamente compleja, costosa y con riesgos propios. Algunos especialistas incluso advierten de que manipular recipientes muy degradados podría liberar más contaminación que mantenerlos donde están.

Por eso, la prioridad ahora mismo sigue siendo obtener datos. Los científicos quieren saber cuántos bidones permanecen íntegros, cuántos presentan fugas y cómo se están dispersando los materiales radiactivos en el fondo marino.

Canal Noticias : España concentra casi el 40% de la superficie quemada de la UE

  CanalNoticias



Un equipo de seguimiento del programa europeo Copernicus ha confirmado que España acumula ya 50.384 hectáreas quemadas, el 39,8% de toda la superficie calcinada en la Unión Europea durante el primer semestre de 2026. La cifra sitúa al país al frente de las estadísticas europeas cuando la campaña de incendios apenas entra en su fase más crítica y todavía quedan por delante julio, agosto y buena parte de septiembre, los meses que suelen concentrar los grandes fuegos.

El escenario coincide además con una intensa ola de calor que ha elevado el riesgo extremo en amplias zonas del territorio. Las imágenes de los satélites de la NASA y los registros del Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales (EFFIS) muestran una sucesión casi continua de focos de calor repartidos por buena parte de la Península y Baleares.

Aunque cada punto del mapa no representa necesariamente un incendio forestal declarado, el conjunto dibuja un panorama que preocupa a los servicios de emergencias y a los especialistas en gestión forestal.

Un mapa que permite seguir el fuego casi en tiempo real

El mapa elaborado con datos del sistema FIRMS (Fire Information for Resource Management System) de la NASA se ha convertido en una de las herramientas más útiles para seguir la evolución de los incendios prácticamente en tiempo real. Utiliza los sensores VIIRS instalados en los satélites Suomi NPP y NOAA-20, capaces de detectar anomalías térmicas con una resolución de unos 375 metros por píxel y actualizar la información pocas horas después de cada pasada orbital.

Conviene, sin embargo, interpretar correctamente estos datos. Las detecciones corresponden a focos de calor y no equivalen automáticamente a incendios forestales activos. También pueden reflejar quemas agrícolas autorizadas, instalaciones industriales o cualquier otra fuente intensa de calor. Para reducir errores, el sistema elimina las detecciones de baja confianza, los focos con muy baja potencia radiativa y los puntos aislados que suelen corresponder a falsas alarmas.

Durante los últimos días, los mapas han coincidido con varios incendios relevantes repartidos por distintos puntos del país. Cataluña ha concentrado parte de la atención tras los fuegos registrados en Sentmenat y la comarca de Anoia, que obligaron a confinar a unas 40.000 personas durante varias horas. También se han declarado incendios importantes en Castellón, Cádiz, Navarra, Huesca y otros puntos del interior peninsular, favorecidos por las altas temperaturas, el viento y la extrema sequedad del combustible vegetal.

Pero hay un detalle que inquieta especialmente a los expertos: todavía no ha comenzado el periodo que históricamente concentra los incendios más devastadores del año.

España vuelve a liderar las estadísticas europeas

Los datos de Copernicus muestran que España no solo encabeza la superficie quemada, sino también el número de incendios registrados durante el primer semestre de 2026. Hasta comienzos de julio se habían contabilizado alrededor de 300 incendios, mientras que el conjunto de la Unión Europea superaba ya las 126.000 hectáreas afectadas, una cifra claramente superior a la registrada en las mismas fechas del año anterior.

Que casi cuatro de cada diez hectáreas quemadas en toda la Unión Europea correspondan a España ilustra la intensidad con la que ha comenzado esta temporada. No obstante, los especialistas recuerdan que estas cifras todavía podrían aumentar de forma muy significativa. La experiencia demuestra que una gran parte de la superficie calcinada suele concentrarse en apenas unas semanas, cuando coinciden olas de calor persistentes, humedad extremadamente baja y episodios de viento.

El precedente más cercano sigue muy presente. En 2025, España vivió la peor campaña de incendios de las últimas décadas, con cerca de 400.000 hectáreas arrasadas y graves daños ecológicos, económicos y sociales que incluso motivaron la aprobación de ayudas extraordinarias por parte del Parlamento Europeo para apoyar la recuperación de las zonas afectadas.

La evolución de este año todavía está lejos de aquel escenario, pero el rápido incremento registrado durante las últimas semanas ha disparado las alertas. Solo en las dos últimas semanas, la superficie quemada ha aumentado un 36%, superando ya las 55.000 hectáreas según las últimas actualizaciones del sistema EFFIS.

¿Por qué preocupa tanto el resto del verano?

Los incendios forestales no dependen únicamente de una chispa. Su comportamiento es el resultado de una combinación de factores meteorológicos, ambientales y humanos que, este año, parecen alinearse de forma especialmente desfavorable.

La primera pieza del puzle es la ola de calor. Las temperaturas excepcionalmente elevadas secan rápidamente la vegetación, reducen la humedad del suelo y convierten montes y matorrales en un combustible extremadamente inflamable. Si a ello se suman episodios de viento o tormentas secas con aparato eléctrico, la capacidad de propagación del fuego aumenta de forma exponencial.

A ello se añade un fenómeno menos visible pero igual de importante: la acumulación de biomasa. Tras un invierno relativamente húmedo, muchas zonas experimentaron un crecimiento notable de la vegetación. Cuando esa masa vegetal se seca durante las primeras olas de calor, se transforma en una enorme reserva de combustible lista para alimentar incendios de gran intensidad.

Por ese motivo, cada vez más especialistas hablan de la "era de los megaincendios", fuegos capaces de modificar su propio comportamiento, generar columnas convectivas de enorme potencia e incluso dificultar el trabajo de los medios de extinción por tierra y aire. No se trata únicamente de incendios más grandes, sino también mucho más complejos y difíciles de controlar.

Los expertos insisten además en que la respuesta no puede limitarse a extinguir incendios. La gestión forestal preventiva, la recuperación de actividades tradicionales que reduzcan la carga de combustible, la planificación territorial y la implicación de la población forman parte de una estrategia cada vez más necesaria en un contexto marcado por el calentamiento global y la mayor frecuencia de fenómenos meteorológicos extremos.




Canal Ferias y Fiestas : El pueblo de Catalunya que llenará esta semana su cielo de colores con un festival de globos aerostáticos

 CanalFeriasy Fiestas


Desde 1997, el certamen alcanza su 30ª edición en Igualada, donde conviven la competición internacional y las exhibiciones aéreas con una programación abierta al público

Igualada acoge del 8 al 12 de julio una nueva edición del European Balloon Festival, considerado la mayor concentración de globos aerostáticos de España y una de las citas más destacadas del calendario europeo de la aerostación. Durante cinco días, esta localidad de la comarca de la Anoia vuelve a convertirse en punto de encuentro para pilotos, equipos internacionales, familias y aficionados a una actividad que mezcla técnica, competición y propuestas abiertas al público.

El festival, que comenzó en 1997, celebra este año su 30º aniversario, una edición con un significado especial dentro de su trayectoria. Desde sus inicios, el evento ha ido creciendo hasta consolidarse como una referencia dentro del sector, con la participación habitual de más de medio centenar de globos y pilotos procedentes de distintos países. El Parc Central de Igualada se mantiene como uno de los espacios clave del festival, concentrando gran parte de la actividad relacionada con vuelos, exhibiciones y actos nocturnos.

La programación del European Balloon Festival se articula en tres ejes principales. Por un lado, mantiene su dimensión de competición internacional, con pruebas en las que los pilotos deben demostrar precisión, lectura del viento y capacidad para maniobrar el globo según las corrientes de aire. Por otro, ofrece un componente visual pensado para el público, con vuelos simultáneos, figuras de gran formato e instalaciones vinculadas al mundo de la aerostación. A esto se suma una agenda cultural y familiar distribuida por distintos puntos de la ciudad.

Los vuelos en globo suelen programarse a primera hora de la mañana y al atardecer, momentos en los que las condiciones meteorológicas son más favorables para este tipo de navegación. La aerostación depende en gran medida de la estabilidad del viento y de la interpretación que cada piloto hace de las corrientes a diferentes alturas. Por este motivo, el festival no solo funciona como un espectáculo para los visitantes, sino también como una demostración de destreza técnica por parte de los equipos participantes.

Aniversario con vuelos, instalaciones y actividades para todos los públicos

El 30º aniversario del European Balloon Festival llega con una programación diseñada para reforzar tanto la actividad aérea como las propuestas en tierra. La presencia de más de 50 globos convierte cada jornada en una escena muy reconocible, especialmente durante los despegues conjuntos desde el Parc Central. Estos momentos son de los más esperados por el público, ya que permiten observar de cerca cómo los equipos preparan los aparatos, inflan las telas y coordinan la salida de los globos aerostáticos.

La competición sigue siendo uno de los pilares del certamen. Los pilotos participan en pruebas de precisión en las que deben acercarse a objetivos concretos o completar recorridos definidos por la organización. Aunque desde fuera pueda parecer una actividad tranquila, el vuelo en globo requiere una lectura constante del entorno. El piloto no dirige el aparato como un avión, sino que ajusta la altura para aprovechar las corrientes de aire que atraviesan la comarca. Esa combinación de técnica y experiencia es la que acaba marcando los resultados.

La dimensión abierta al público hace que el festival vaya más allá de la propia competición. Familias, visitantes y vecinos pueden participar en las diferentes actividades programadas durante la semana, con propuestas culturales, talleres y espacios pensados para distintos perfiles. Esta mezcla entre encuentro especializado y celebración urbana ha sido una de las claves de la consolidación del European Balloon Festival a lo largo de estas tres décadas.

Entre los espacios destacados se encuentra el Iglú de Vent, una estructura vinculada al propio universo de los globos que acoge talleres familiares y actividades culturales gratuitas. Este tipo de iniciativas permite al público acercarse al material, las formas y el ambiente del festival incluso fuera de los horarios de vuelo. La programación busca así mantener actividad durante toda la jornada y no limitar la experiencia únicamente a la mañana y la tarde.

La edición de aniversario incorpora también los Iglús de Llum, instalaciones artísticas elaboradas con telas reutilizadas de globos. Forman parte de la programación nocturna y aportan una dimensión visual diferente al evento. Estas estructuras permiten que la aerostación siga presente en la ciudad incluso cuando no hay vuelos, con una propuesta ligada a la luz, el espacio urbano y los propios materiales de los aerostatos.

Para el sábado está previsto uno de los actos más emblemáticos del festival: el Night Glow. Durante esta actividad, los globos encienden sus quemadores de forma coordinada, creando una escena nocturna en el campo de vuelo. Es uno de los momentos que más público atrae, ya que permite ver los globos iluminados desde tierra y ofrece una imagen distinta a la de los despegues diurnos. Tras este acto tiene lugar la parte final de la competición, con la entrega de premios a los pilotos más destacados.

La programación se completa con espacios de restauración y comercio local, entre ellos el Igualada Market. Esta zona permite acompañar las actividades del festival con propuestas gastronómicas y productos del entorno, especialmente en las jornadas de mayor afluencia y en las horas previas a los actos nocturnos. La intención es que el evento funcione también como punto de encuentro en la ciudad durante los cinco días de celebración.

Canal Gastronomía : El oro blanco de Galicia: los cuatro quesos con denominación de origen que deberías probar

 CanalGastronomia

Cuando se habla de gastronomía gallega, el protagonismo suele recaer en el marisco, los vinos o las carnes. Sin embargo, entre montañas, campos y explotaciones ganaderas repartidas por toda la comunidad, Galicia ha construido a lo largo de los siglos una tradición quesera que hoy es una de las más importantes de España. No en vano, comparte con Asturias el liderazgo nacional en número de quesos amparados por Denominación de Origen Protegida (DOP), un reconocimiento que certifica la calidad de sus productos.

La historia del queso gallego está ligada al mundo rural. Elaborados principalmente con leche de vacas de raza frisona, rubia gallega y pardo alpina, estos productos han acompañado durante generaciones la vida de miles de familias. Aunque comparten origen lácteo, cada uno posee una personalidad propia, marcada por el paisaje, el clima y las técnicas tradicionales de elaboración.

Actualmente, Galicia cuenta con cuatro quesos con Denominación de Origen Protegida: Arzúa-Ulloa, Tetilla, Cebreiro y San Simón da Costa.

El Arzúa - Ulloa tiene su origen en el corazón de la comunidad gallega. Su zona de elaboración abarca más de una treintena de municipios distribuidos entre las provincias de La Coruña, Lugo y Pontevedra, convirtiéndose en una de las denominaciones más extensas del territorio gallego. Su principal seña de identidad es una pasta blanda y cremosa, acompañada de un sabor suave y equilibrado que lo convierte en uno de los quesos más versátiles de la cocina gallega. Puede elaborarse con leche cruda o pasteurizada y requiere un período mínimo de maduración de seis días.

Dentro de esta denominación existen además diferentes variedades. Destaca el Arzúa-Ulloa de Granja, elaborado exclusivamente con leche procedente de la propia explotación ganadera, así como el Arzúa-Ulloa Curado, cuya maduración prolongada intensifica notablemente sus aromas y matices.

En las montañas orientales de Lugo se produce uno de los quesos más singulares de España. El Cebreiro es fácilmente reconocible por su peculiar forma, similar a una seta o a un gorro de cocinero, una imagen que lo diferencia de cualquier otro queso del mercado.

Su historia es tan llamativa como su aspecto. Durante siglos fue un producto muy apreciado, llegando incluso a formar parte de las mesas de la nobleza. Sin embargo, el descenso de la producción durante buena parte del siglo XX estuvo a punto de hacerlo desaparecer. La creación de la DOP permitió recuperar esta tradición artesanal y devolver al mercado un queso que hoy vuelve a gozar de prestigio.

Su textura cremosa, su sabor ligeramente ácido y sus notas que pueden llegar a ser ligeramente picantes lo convierten en una experiencia muy diferente al resto de quesos gallegos. Puede encontrarse tanto fresco como curado, siendo esta última versión más intensa y compleja.

Pocos productos gastronómicos gallegos resultan tan reconocibles como el queso Tetilla. Su característica forma cónica, de la que toma su nombre, ha contribuido a convertirlo en uno de los grandes símbolos culinarios de la comunidad gallega.

A diferencia de otras denominaciones, su área de producción abarca todo el territorio gallego. Elaborado también con leche de vaca procedente de las principales razas ganaderas de la comunidad, destaca por una corteza fina y elástica y por una pasta extremadamente cremosa y uniforme. Su aroma suave, ligeramente ácido, y su sabor mantecoso con un delicado toque salado explican gran parte de su éxito comercial. Es uno de los quesos gallegos más exportados y uno de los que mejor representa la identidad gastronómica de Galicia.

Los panes gallegos que están entre los mejores de España y el rasgo que los hace únicos

Y por último, y no por ello menos importante, si hay un queso capaz de sorprender a quienes lo prueban por primera vez, ese es el San Simón da Costa. Originario de la comarca lucense de Terra Chá, este producto se distingue por una elaboración que incorpora una fase de ahumado tradicional con madera de abedul.

Su forma recuerda a una bala o a un pequeño cono estilizado, pero es su aroma el que realmente marca la diferencia. Las notas ahumadas se combinan con matices que evocan frutos secos, madera e incluso los antiguos hogares rurales donde tradicionalmente se elaboraba. El resultado es un queso de pasta firme y textura grasa, con un sabor complejo y elegante que ha conquistado tanto a cocineros como a aficionados a la gastronomía.

En una tierra famosa por sus mariscos, vinos y carnes, los quesos han logrado hacerse un hueco propio. Y quienes los prueban suelen repetir.


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