miércoles, 2 de septiembre de 2026

Canal Noticias : La cronificación del sinhogarismo en Barcelona: la "trampa" detrás de la bajada del tiempo medio en la calle

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A primera vista, podría parecer una buena noticia. En Barcelona, el tiempo medio que una persona pasa durmiendo en la calle ha bajado hasta los 3 años y 6 meses. Son menos años que en 2020, cuando la media superaba los cinco.

Pero detrás de ese descenso hay una realidad mucho menos alentadora. No es que más personas estén consiguiendo salir de la calle. Es que cada vez hay más personas que acaban de llegar.

Así lo explica Sara Girón, responsible del equipo de calle de Arrels Fundació en conversación con Metrópoli, a partir del último informe de la entidad, elaborado con 670 encuestas realizadas en junio de 2025.

En las calles de Barcelona, cuenta, se encuentran cada vez más personas que llevan poco tiempo en esta situación. "Hay un gran porcentaje de personas en fase inicial, de 0 a 6 meses".

Y precisamente ahí está la preocupación. Porque esos primeros meses pueden marcar la diferencia entre una situación puntual y años de sinhogarismo. "Entendemos que si no hay una respuesta de aquí a uno o dos años, todas estas personas van a estar cronificadas", advierte Girón.

Un descenso que esconde otra realidad

El dato de los 3 años y 6 meses puede llevar a pensar que la situación está mejorando. La evolución parece respaldarlo: desde el máximo registrado en 2020, el tiempo medio en la calle ha ido descendiendo año tras año.

Pero la fotografía cambia cuando se mira quién está detrás de esa media.

Mientras aumentan las personas que llevan pocos meses en la calle, existe otro grupo que permanece prácticamente inmóvil. Una de cada seis personas en situación de calle lleva más de cinco años en ella. Y quienes llevan entre dos y cinco años representan el 19%, prácticamente el mismo porcentaje que en 2023.

Es el núcleo más difícil de mover. Personas para las que la calle deja de ser una situación temporal y acaba convirtiéndose en una realidad prolongada.

Para Girón, el problema está también en la capacidad de respuesta. "Las políticas actuales no tienen capacidad de respuesta para el gran volumen de personas que hay en situación de calle", señala.

Y mientras el sistema intenta atender a quienes llevan años en la calle, siguen llegando personas nuevas. El riesgo es que quienes hoy llevan unos meses terminen formando parte, dentro de unos años, de ese mismo núcleo cronificado.

A veces, la calle empieza con un alquiler

Llegar a la calle no siempre empieza con una pérdida total de ingresos ni con una trayectoria marcada durante años por la exclusión. En muchos casos, la puerta de entrada puede ser algo tan cotidiano como perder una vivienda.

Según el informe de Arrels, los procesos migratorios y los problemas relacionados con la vivienda son los dos principales motivos de llegada a la calle, con un 18% de los casos cada uno.


Más de un tercio de las personas encuestadas vivía antes en un piso de alquiler dentro del mercado formal. Tenían una vivienda. Hasta que dejaron de poder mantenerla.

"Hay una problemática de vivienda general que está afectando", explica Girón. "Hablamos de alquiler que se renueva y el precio ya no es convertible para la persona que lo consume".

La frase resume una de las caras menos visibles del sinhogarismo: no siempre hace falta que ocurra un gran acontecimiento para perder una casa. A veces, el problema aparece cuando llega el momento de renovar un contrato y el nuevo precio queda fuera del alcance de quien vive allí.

Cuando volver a la calle deja de ser una excepción

Para algunas personas, además, la calle no es la primera vez.

El 34,3% de quienes actualmente viven en la calle ya había pasado anteriormente por una situación de sinhogarismo. Y, entre quienes han vuelto a vivir en la calle, casi cuatro de cada diez lo han hecho tres veces o más.

Salir, por tanto, no siempre significa haber cerrado una etapa definitivamente.

Salir de la calle tampoco está asegurado

La otra cara del problema aparece cuando se pregunta por las salidas. Solo el 23,8% de las personas que actualmente viven en la calle tiene prevista alguna salida. En 2023 eran el 28,1%. Es decir, en dos años el porcentaje ha descendido.

Y tener una salida prevista tampoco significa necesariamente tener una vivienda estable esperándoles. Entre quienes sí tienen alguna expectativa, la mayoría apunta a una plaza en un albergue o a una pensión.

La consecuencia es que para muchas personas la salida de la calle sigue siendo incierta.

El propio informe de Arrels lo resume así: "El problema no es solo empezar a vivir en la calle y quedarse ahí; es también que salir no está garantizado".

Detrás de cada porcentaje hay, sin embargo, una historia que no aparece en las tablas. Personas que han tenido una vivienda, trabajos, familias o redes de apoyo y que, por diferentes circunstancias, han terminado durmiendo en la calle.

"No es una persona sin hogar, es una persona que está en una situación sin hogar. Esta persona tiene una historia, tiene una familia", recuerda Girón.

El tiempo corre

Por eso, el dato de los 3 años y 6 meses necesita ser leído con cuidado. Puede parecer que las personas pasan menos tiempo en la calle, pero el descenso de la media no está llegando acompañado de más salidas.

La media baja, en buena parte, porque hay personas nuevas que entran.

Mientras tanto, una de cada seis personas lleva más de cinco años esperando una salida y cada vez son menos quienes tienen una prevista.

La preocupación de Arrels se concentra especialmente en quienes hoy llevan solo unos meses en la calle. Todavía están en una fase inicial. Todavía existe margen para evitar que esos meses se conviertan en años. Pero ese margen tiene un límite.

"Si no hay una respuesta de aquí a uno o dos años, todas estas personas van a estar cronificadas", advierte Girón.

En Barcelona, el problema no es solo cuántas personas duermen hoy en la calle. También es cuánto tiempo tendrán que seguir haciéndolo.


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