viernes, 25 de septiembre de 2026

Canal Gastronomia : Triángulo gastronómico en el barrio madrileño de Montecarmelo

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Nuevos restaurantes que revolucionan un barrio con una cocina desenfadada y exquisita a la vez

Casi todas las grandes ciudades mantienen una geografía gastronómica definida. Hay barrios que parecen destinados al aperitivo, otros al tardeo, otros a las grandes mesas de negocios y algunos a la alta cocina. Pero de vez en cuando aparece un lugar que, casi sin hacer ruido, empieza a atraer a comensales. Eso es precisamente lo que está ocurriendo en el barrio madrileño de Montecarmelo.

Hasta hace pocos años era un barrio residencial del norte de la capital, sin especial interés. Hoy empieza a convertirse en un destino gastronómico al que se llega expresamente para comer o cenar. El fenómeno no responde a una moda pasajera, sino a la personalidad de sus restaurantes.

Hoy empieza a convertirse en un destino gastronómico al que se llega expresamente para comer o cenar

Gilda, Divina Dolores y Rita Sibarita forman un triángulo gastronómico poco habitual. Tres conceptos diferentes, tres formas de entender la hospitalidad y un denominador común: que el cliente tenga la sensación de haber descubierto un lugar único.

Uno de los fenómenos sociales de los últimos años sucede cada noche en Gilda. No es raro encontrar grupos de amigos entre 40 y 60 años disfrutando del local de esa forma que parecía encasillarse en la veintena. Lo que marca la mayor diferencia entre edades es sobre todo la exigencia. Los clientes de 50 buscan alta cocina, bebidas de primer nivel, un espacio que permita la conversación, buena música y un ambiente donde la sofisticación exista, pero no de forma impostada.

En Gilda no hay lugar para el alcohol convencional. La selección de destilados y vinos está cuidadosamente elegida y acompaña una propuesta gastronómica construida alrededor del universo del pintxo contemporáneo. La responsable de esa cocina es Mireya Castillo, una chef nacida en Honduras cuya trayectoria internacional resulta tan interesante como sus platos. Ha vivido y trabajado en países tan diferentes como Dubái o Estados Unidos y territorios españoles como el País Vasco, Málaga o Asturias. En todos sus destinos ha ido incorporando técnicas, ingredientes y maneras de entender la gastronomía que ahora aparecen reinterpretadas en pequeños bocados de enorme personalidad.

Conversación, buena música y un ambiente donde la sofisticación exista, pero no de forma impostada

Entre los imprescindibles destacan las ostras, capaces de resumir la filosofía del restaurante: producto de primera calidad con un giro en su elaboración, que respeta la materia primordial y añade sorpresa.

Y después llega el postre. El escritor Manuel Vilas bautizó una de sus creaciones como Tres Amores, un nombre que ya forma parte de la identidad del restaurante.

Hay restaurantes cuya decoración pretende impresionar. Divina Dolores busca algo mucho más difícil: contar una historia. Todo el espacio parece la vivienda de un personaje de ficción llamado Dolores. Una mujer elegante, curiosa y extraordinariamente viajera que ha ido reuniendo muebles, objetos y recuerdos durante toda una vida. Nada resulta casual. Gran parte de la decoración procede de materiales recuperados de antiguas casas palaciegas, lo que aporta al conjunto una personalidad poco frecuente.

La ficción continúa en la carta. Porque Divina Dolores cocina como lo haría esa mujer viajera imaginaria. La base es claramente mediterránea, y los platos aportan esa sensación casera que se espera cuando se visita el salón de una amiga, pero en ellos aparecen influencias mexicanas, italianas, japonesas, americanas...

Todo el espacio parece la vivienda de un personaje de ficción llamado Dolores.

Dos de los grandes protagonistas son su conocido arroz en llauna y la cheescake, hecha con un queso asturiano de pequeña producción curado en cueva.

La cocina combina tradición y creatividad sin caer en la tentación de complicar innecesariamente cada plato.

Rita Sibarita representa el momento en el que el día se transforma en noche. Durante las mañanas y los almuerzos es habitual encontrar ejecutivos, reuniones de trabajo y familias. Su cocina mediterránea y sus menús diarios se adaptan con facilidad tanto a una comida informal como a una reunión profesional. Sin embargo, el verdadero cambio llega al atardecer.

Su terraza elevada ofrece una perspectiva diferente de otro Madrid. Parece un balcón hacia el barrio de Mirasierra. Y, desde ciertos ángulos, se percibe una vista poco habitual de la gran ciudad.

Su terraza elevada ofrece una perspectiva diferente de otro Madrid

Cuando anochece, el ambiente cambia sin perder elegancia. Las listas musicales acompañan una de las propuestas de coctelería más interesantes de la ciudad. Rita Sibarita combina cócteles clásicos con creaciones propias. La terraza se convierte en un lugar donde resulta fácil prolongar la conversación durante horas mientras Madrid parece quedarse lejos.

En una ciudad donde encontrar el cielo se ha convertido casi en un lujo, aquí todavía es posible mirar hacia arriba y distinguir la luna y las estrellas.

Direcciones:

Divina Dolores: Avenida Monasterio de El Escorial, 10

Gilda: Monasterio de las Huelgas,11

Rita Sibarita: Monasterio de las Huelgas, 13



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