viernes, 25 de septiembre de 2026

Canal Curiosidades : Lo que hallan en el fondo del océano inquieta a los científicos

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Un buque con cuarenta personas a bordo partió desde Vigo en dirección a las costas de Marruecos durante el verano. Bordeó parte de la Península Ibérica y navegó en aguas abiertas, donde extrajeron muestras de sedimentos oceánicos a 3.000 metros de profundidad. La misión forma parte de One-Blue, un proyecto coordinado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y financiado por el programa Horizon Europe para investigar los contaminantes emergentes en ecosistemas marinos, que finalizará en 2027. Sin embargo, antes de concluir, los primeros resultados ya inquietan a los científicos.

“Nuestro objetivo es caracterizar la zona y cartografiar los contaminantes, junto con la diversidad de comunidades microbianas, para tener nuevos datos que no son normalmente fáciles de encontrar”, explica Montse Sala, investigadora del ICM-CSIC y coordinadora de la campaña.

Los investigadores han recogido más de 1.150 muestras y, mediante diferentes análisis, perfilan contaminantes sobre los que existe escaso conocimiento científico y que se conocen como “emergentes”.

“Llevan muy poco tiempo estudiándose y, en niveles tan bajos, las analíticas no lograban determinarlos. Ahora hay una nueva técnica que permite hacer un barrido donde se ven todos”, explica Marinella Farré, una de las investigadoras y docente en el Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua (IDAEA-CSIC), a National Geographic España.

Ahora está centrada en evaluar las diferentes sustancias e identificar su procedencia para que, en el futuro, esa información pueda utilizarse para regular su uso. Farré estima que el 90% de los contaminantes emergentes del océano son de origen terrestre por la actividad humana, pero hay algo que ha llamado aún más su atención:

“Nos ha sorprendido que los contaminantes llegasen a los sedimentos submarinos a través de las corrientes oceánicas o terrestres. Hemos encontrado aditivos plásticos a más de 3.000 metros de profundidad. Estamos hablando de bisfenoles, ftalatos y perfluorados (sustancias químicas) que, en algunos casos, están limitados en la actualidad porque se han relacionado con efectos adversos sobre la biota y la salud humana”.

En la actualidad todavía hay más de 6.000 compuestos perfluorados en uso. Algunos de los contaminantes emergentes derivan de microplásticos, residuos farmacéuticos, antibióticos o productos de cuidado personal. Su afección sobre la salud humana todavía no es concluyente.

“Algunos tienen efectos realmente nocivos y otros no tanto, pero entran en la cadena trófica porque los bebemos, los respiramos o incluso nos los comemos, como ocurre en España, donde tenemos un elevado consumo de pescado y marisco. Son compuestos sintéticos que no deberían formar parte de nuestro organismo”.

Dentro de los contaminantes emergentes están los PFOS y PFOA (sustancias polifluoroalquiladas y perfluoroalquiladas), dos sustancias que, en niveles elevados, provocan cáncer en animales y que algunos estudios también relacionan con esta enfermedad en personas. “La dosis hace al veneno”, dice Farré, que explica que algunos usos son entendibles, por ejemplo, los perfluorados para la microelectrónica, pero que en otros casos habría que estudiar su reducción.

“Se tendrían que regular los compuestos para aquellas aplicaciones que realmente los requieran. Muchos permanecen en el medio durante 500 años y también está el cambio climático, que exige tomar medidas ahora. El mar tiene capacidad de autorregenerarse, pero eso de que se ‘curará’ por sí mismo es una falacia que nos ha llevado a la situación actual”, explica Farré.

Tras la campaña, los investigadores continúan con los análisis químicos. En el laboratorio se reproduce la contaminación, el aumento de las temperaturas y otras condiciones para saber, entre otras cosas, cómo el cambio climático y la acidificación influyen a nivel global. Con muestras de tres mares diferentes, One-Blue busca evaluar las particularidades de cada uno, aunque reconocen un problema común: “el Mediterráneo, por ejemplo, es un mar cerrado en el que desembocan ríos altamente contaminados y, por lo tanto, la concentración de estos compuestos es mayor”, concluye Farré.

El objetivo del proyecto es sentar las bases para el estudio de contaminantes poco conocidos. Las conclusiones se publicarán en un estudio científico y los datos estarán abiertos al público y a nuevos investigadores. Comprender el alcance de los contaminantes emergentes es clave para limitar sus efectos sobre los ecosistemas marinos y, en última instancia, sobre nuestra propia salud.


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