Beteve
Coincidiendo con el buen momento de la cocina catalana, el libro 'Fricandónation' hace un retrato punzante de la gastronomía con el fricandó como detonador

Confirmado, la cocina tradicional catalana es tendencia en Barcelona. Platos clásicos como los macarrones, la escudella, el capipota y el fricandó han vuelto con fuerza a las mesas de bodegas y restaurantes para deleitar a muchos comensales, que en muchos casos ya no los cocinan en casa. El chupete de la abuela está de moda, pero eso sí, tienes que saber dónde ir a catarlo.
Hay locales como Casa Pagès (Llibertat, 19), L'Andreuenc (Neopàtria, 87), el Bar Jueves (Consell de Cent, 93), la Granja Elena (paseo de la Zona Franca, 228) o el Bar Casi (Massens, 74), donde el plato se come en los desayunos de horquilla y donde la salsa invita a azuzar pan. También saldrás al fricandó del restaurante de Les Corts, Can Ugal.
Seguimos ahora con bodegas recuperadas, como la Manolo (Torrent de les Flors, 101) y la Gol (Parlament, 10), y restaurantes clásicos como Ca l'Estevet (Valldonzella, 46) y los dos restaurantes de Carles Gaig, el Petit Comité (pasaje de la Concepció, 13) y el Gaig (Nau Santa Maria, 5), donde el clásico fricandó con moixernons no falla. También hay locales que acaban de levantar la persiana, como el Bar Veracruz (Mallorca, 321), que han decidido incluir en la carta este plato y seguir su receta tradicional.
Pero como la tradición también se puede reinterpretar, claro que sí, también recomendamos el fricandón de atún con setas que Jordi Vilà cocina en Alkostat (ronda de Sant Antoni, 41). Y atención, porque la carne y la salsa del fricandó encajan perfectamente entre dos trozos de pan, que es como lo preparan en las nuevas charcuterías Pamb (Valencia, 203 y Verdi, 15) y, desde hace años, en la Bodega Montferry (pasaje de Serra y Arola, 13).
Un thriller gastronómico "gamberro"
Todos estos ejemplos dan fe de que el fricandó ha recuperado posiciones en las cocinas y en las mesas, pero no sólo eso. El plato también vive momentos de gloria en las redes con recetas virales, como la de las jóvenes que enseñan a hacer, paso a paso, platos de la cocina catalana en Taula por dos (@taulaperdos_). Y atención, porque este plato ahora también es protagonista del libro Fricandónation, de Miquel Bonet.
Fricandónation es, según el autor, un thriller gastronómico lleno de sarcasmo. Le gusta definirlo como una "gamberrada" y también una defensa a ultranza de la cocina catalana: "Jugamos con la hipótesis de que la profecía de la desaparición de la cocina tradicional se ha cumplido. El relato nos transporta a una distopía muy cercana en la que no queda ningún rastro de los platos de siempre, o mejor dicho, casi ningún rastro, y las mandonguillas con sipia, la samfaina o el capipota han desaparecido de los menús y las cartas".
Un libro cocinado hace tres años
Aunque Bonet reconoce que en la actualidad parece que la cocina de las abuelas ha vuelto a los fogones de los restaurantes, explica que Fricandónation se planteó hace tres años cuando "no parecía que pudiera revivir". Ahora, sin embargo, teme que esta recuperación de la raíz sea sólo "un canto del cisne o un mirlo". Dice que espera equivocarse y que la cocina catalana "haya vuelto para quedarse".
En el relato apocalíptico de Bonet, es un popa gastronómico quien volverá a poner la cocina catalana de moda. Todo empieza con una escudella y carne de olla y un fricandó que dejan embaucado a un gran crítico francés. Tras él, influenciadores, empresarios y chefs se asoman a la fiebre del momento: "Quieren convertir el fricandón en el nuevo ramen, el plato icónico de una cocina sofisticado y global". Pero el chupe-chupe se complicará entre envidias y traiciones
Hay locales como Casa Pagès (Llibertat, 19), L'Andreuenc (Neopàtria, 87), el Bar Jueves (Consell de Cent, 93), la Granja Elena (paseo de la Zona Franca, 228) o el Bar Casi (Massens, 74), donde el plato se come en los desayunos de horquilla y donde la salsa invita a azuzar pan. También saldrás al fricandó del restaurante de Les Corts, Can Ugal.
Seguimos ahora con bodegas recuperadas, como la Manolo (Torrent de les Flors, 101) y la Gol (Parlament, 10), y restaurantes clásicos como Ca l'Estevet (Valldonzella, 46) y los dos restaurantes de Carles Gaig, el Petit Comité (pasaje de la Concepció, 13) y el Gaig (Nau Santa Maria, 5), donde el clásico fricandó con moixernons no falla. También hay locales que acaban de levantar la persiana, como el Bar Veracruz (Mallorca, 321), que han decidido incluir en la carta este plato y seguir su receta tradicional.
Pero como la tradición también se puede reinterpretar, claro que sí, también recomendamos el fricandón de atún con setas que Jordi Vilà cocina en Alkostat (ronda de Sant Antoni, 41). Y atención, porque la carne y la salsa del fricandó encajan perfectamente entre dos trozos de pan, que es como lo preparan en las nuevas charcuterías Pamb (Valencia, 203 y Verdi, 15) y, desde hace años, en la Bodega Montferry (pasaje de Serra y Arola, 13).
Un thriller gastronómico "gamberro"
Todos estos ejemplos dan fe de que el fricandó ha recuperado posiciones en las cocinas y en las mesas, pero no sólo eso. El plato también vive momentos de gloria en las redes con recetas virales, como la de las jóvenes que enseñan a hacer, paso a paso, platos de la cocina catalana en Taula por dos (@taulaperdos_). Y atención, porque este plato ahora también es protagonista del libro Fricandónation, de Miquel Bonet.
Fricandónation es, según el autor, un thriller gastronómico lleno de sarcasmo. Le gusta definirlo como una "gamberrada" y también una defensa a ultranza de la cocina catalana: "Jugamos con la hipótesis de que la profecía de la desaparición de la cocina tradicional se ha cumplido. El relato nos transporta a una distopía muy cercana en la que no queda ningún rastro de los platos de siempre, o mejor dicho, casi ningún rastro, y las mandonguillas con sipia, la samfaina o el capipota han desaparecido de los menús y las cartas".
Un libro cocinado hace tres años
Aunque Bonet reconoce que en la actualidad parece que la cocina de las abuelas ha vuelto a los fogones de los restaurantes, explica que Fricandónation se planteó hace tres años cuando "no parecía que pudiera revivir". Ahora, sin embargo, teme que esta recuperación de la raíz sea sólo "un canto del cisne o un mirlo". Dice que espera equivocarse y que la cocina catalana "haya vuelto para quedarse".
En el relato apocalíptico de Bonet, es un popa gastronómico quien volverá a poner la cocina catalana de moda. Todo empieza con una escudella y carne de olla y un fricandó que dejan embaucado a un gran crítico francés. Tras él, influenciadores, empresarios y chefs se asoman a la fiebre del momento: "Quieren convertir el fricandón en el nuevo ramen, el plato icónico de una cocina sofisticado y global". Pero el chupe-chupe se complicará entre envidias y traiciones.
"Para los jóvenes, el fricandó será algo exótico"
Bonet recuerda que hace unos años "Barcelona era culinariamente plenamente catalana y ahora por la generación joven cuando les hablas de fricandó o samfaina les suena como algo exótico". El autor cree que la cocina catalana está en fase de activismo y que eso es síntoma de que las cosas no van bien, pero también apunta que el hecho de que haya una resistencia es buena señal, como ocurre con la lengua catalana: "No estamos totalmente muertos". Al ser preguntado por una recomendación en Barcelona, lo tiene claro: "El restaurante Alkostat de Jordi Vilà, recetario y militancia".

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