Beteve
Durante la protesta, los usuarios han cargado contra la desinversión, pero también han sido críticos por la falta de información. "Es un desgarro"

Quizá porque temían llegar tarde a casa si cogían el tren, los manifestantes de la segunda movilización de la jornada contra la situación que se vive en la red de trenes en Cataluña se han plantado muy rápido en la plaza de Sant Jaume, menos de una hora después de arrancar la marcha a la Estación de Francia. Muchos de ellos, por no decir la mayoría, son usuarios de Cercanías. O lo eran. Otros lo son a medias, porque estos días están utilizando más el bus alternativo que el tren.
La Joana cada semana tiene que ir a Barcelona a trabajar. Vive en Granollers porque, dice, "no nos podemos permitir un piso" en la capital y desde que estalló la crisis opta por el autobús: "En Renfe ya no confío". Explica, no obstante, que estas últimas semanas el bus también va muy lleno y cuesta entrar: "Hay que ir de pie. Es una situación difícil". María se solidariza, pero su caso quizá todavía es más grave y todo. Ha tenido que llegar a la manifestación en autobús por problemas en el R3 —hace tiempo que no hay servicio entre La Garriga y L'Hospitalet— y encuentra especialmente vergonzoso lo que sufren los usuarios de esta línea. "Los del tramo norte estamos colgadísimos". María cree que "es un escándalo" que le hayan dicho que el R3 no es prioritaria, que la arreglarán la última: "Para que la gente viva en la montaña, en Ripoll, en Puigcerdà, no somos ciudadanos de segunda. Tenemos derecho a la movilidad igualmente. Entonces por eso hemos venido, sí, para que lo arreglen".
En silla de ruedas todo es aún más difícil
La Montserrat ha venido de Arenys de Munt en silla de ruedas, acompañada de otras personas con discapacidad. "Queremos trenes accesibles", exclama. "E información y buena gestión". Lo explica después de haber vivido un breve periplo —el enésimo— cuando trataba de salir de la estación: "El ascensor no iba otra vez y nadie nos había informado. Quienes vamos en silla de ruedas no somos endeudados y queremos que se nos diga por dónde tenemos que ir a cada estación. Nos prometieron que habría informadores pero han pasado dos años y todavía estamos igual", reniega, con razón.
"La desinformación nos mata"
"Sufrimos Cercanías casi cada día", comenta otro usuario en plena marcha. "Trenes que no venden, trenes que se cancelan, puertas que no se abren, convoyes a oscuras y sin rotulación, ni a los vagones ni las estaciones. Es tercermundista". Así pues, ¿por qué ha venido a la manifestación? "Ahora estamos teniendo horarios de fin de semana, de un tren cada hora. Y si uno falla, ya son dos horas de espera. Queremos cambios". Ha quedado claro.
Al resto también se les entiende muy bien, como unos estudiantes que tienen que ir a la UAB y hacer el cambio en Granollers, pero que ante la falta de trenes en el R8, no existe ninguna conexión y no hay manera de llegar a la hora a la universidad: "Es un descalabro absoluto". Lo corrobora otro manifestante, que explica: "Cuando crees que tienes suerte porque hay dos trenes en el andén que te podrían ir bien, no sabes a cuál subir. ' ¿Cuál saldrá antes?' te preguntas. Y vas al informador y no informa. Y el maquinista, menos. Eso nos mata".
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