A pesar de estas condiciones, su labor es esencial para la cadena alimentaria y la economía rural. La mayoría no posee tierras ni acceso a créditos, lo que las mantiene en situación de vulnerabilidad. Diversas organizaciones locales e internacionales impulsan programas para mejorar sus ingresos y ofrecer formación en técnicas agrícolas sostenibles, pero los avances son lentos. El reto sigue siendo garantizar derechos laborales, igualdad de oportunidades y visibilidad para quienes sostienen gran parte de la producción agrícola del país.

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