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Hay una zona en Noruega que se conoce como la tierra de los fiordos, pero no es la única. También los hay en Groenlandia, Islandia, Alaska, la Patagonia Chilena... ¡Y España! En la provincia de León se esconde un paisaje no muy conocido que bien podría compararse con estos fiordos. Y decimos compararse porque técnicamente no son fiordos, ya que no encuentran su origen en valles glaciares, sino en valles de interior invadidos por agua dulce tras la intervención humana. Pero en espectacularidad sí podemos compararlos, de eso no cabe duda.

A ambos lados se levantan paredes de roca caliza, mientras los brazos del embalse se prolongan hacia antiguos valles que hoy permanecen bajo el agua. Para conocer bien los popularmente llamados, Fiordos Leoneses tienes que acercarte hasta Riaño y contemplarlo desde distintos puntos. Hay miradores con vistas inigualables y rutas que se adentran en la montaña, pero una de las formas más particulares de recorrerlo es hacerlo desde el propio agua.

Un paisaje que nació bajo el agua
La imagen actual de Riaño es relativamente reciente. El embalse comenzó a llenarse en 1987 y el agua cubrió una parte importante de los antiguos valles de la comarca. Nueve pueblos quedaron afectados (Riaño, Burón, Pedrosa del Rey, La Puerta, Salio, Huelde, Anciles, Vegacerneja y Escaro) por la construcción de la presa y buena parte de su territorio desapareció bajo el embalse.
El nuevo Riaño se construyó en una ubicación diferente para sustituir al antiguo núcleo. Ante la inundación de toda la zona, algunas construcciones fueron trasladadas para no caer en el olvido y otras quedaron bajo las aguas. Entre los edificios trasladados para salvarlos de las aguas está la iglesia de Nuestra Señora del Rosario, procedente de La Puerta y trasladada piedra a piedra al nuevo Riaño.

La presa modificó por completo la relación de la población con el valle y allí donde antes había caminos, prados y viviendas apareció una gran masa de agua que se adapta a la forma de los anteriores valles. Pese a todo, se ha convertido en un paisaje precioso que atrae a cientos de personas, aunque su belleza no puede separarse completamente de la historia de los pueblos que quedaron anegados durante la construcción del embalse.

Los Fiordos Leoneses desde el agua (o a pie)
Una de las mejores maneras de disfrutar de este paisaje es navegando. Las excursiones en barco parten de Riaño y recorren distintos brazos del embalse en un trayecto de una hora a través del desfiladero de Bachende. Además de estos tranquilos paseos en barco, tienes la oportunidad de practicar deportes como paddle surf, kayak o piragüismo.

Desde el agua es una maravilla, pero si prefieres quedarte en tierra, el entorno también cuenta con rutas de senderismo. La montaña de Riaño forma parte de la Cordillera Cantábrica y hay opciones para todos los niveles. Desde caminatas más tranquilas de un kilómetro como la del Paseo del Recuerdo por la orilla del embalse hasta otras más complejas por los miradores de Las Hazas o Alto Valcayo o la del Pico Gilbo a 1.667 metros de altitud.
En la caminata por las laderas encontrarás hayedos, acebos, robles y bosques de riberas, mientras que si vas a las zonas más elevadas verás pastizales y roca. Es un paraíso donde habitan animales como el oso pardo, el lobo, el buitre, el águila, el quebrantahuesos o el corzo.

También merece la pena acercarse al propio pueblo de Riaño. El nuevo núcleo conserva algunos elementos procedentes del antiguo municipio y funciona como punto de partida para recorrer la montaña y el embalse. Desde allí puedes enlazar la visita al agua con los miradores y las rutas que recorren los alrededores.
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