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Tu primer viaje sola no tiene por qué empezar en los destinos típicos. Albania es una alternativa con un plus de aventura: puedes pasar de ciudades fortaleza a playas de agua turquesa y terminar el día en valles de alta montaña sin perder horas infinitas en la carretera. Todo en un país manejable en distancias, con cuatro sellos del Patrimonio Mundial de la UNESCO y unos precios que siguen dándole un respiro al bolsillo frente al resto del Mediterráneo donde cada vez todo está más caro.

Como en cualquier viaje por libre, no hay que perder el sentido común (sobre todo al volante o si te adentras en rutas de montaña), pero la recompensa es brutal: en cuestión de días puedes alternar el encanto medieval de una ciudad de piedra con un chapuzón en calas secretas o un trekking entre cumbres que rozan los 2.000 metros.

De las ciudades de piedra a las ruinas de Butrinto
Dejando atrás el bullicio de la capital Tirana, Berat es la mejor puerta de entrada a la Albania histórica. Sus casas otomanas se escalonan por la ladera bajo la mirada de la fortaleza, regalando una de las estampas más icónicas del país. Junto con Gjirokastra, forma un bien protegido por la UNESCO.
A Berat se la recorre a pie y sin prisa. Desde el puente sobre el río Osum arranca la subida al castillo, en cuyo interior aún sobreviven iglesias antiguas y el Museo Onufri.

Gjirokastra, por su parte, impone otro ritmo. Sus empinados callejones de paja y piedra trepan entre kules (como se llaman las tradicionales casas-torre fortificadas) hasta desembocar en la ciudadela. Desde sus almenas la vista es inigualable sobre todo el valle.

Desde aquí, la ruta hacia el sur lleva diractamente a Butrinto, el gran yacimiento arqueológico albanés. Es un lugar mágico donde las ruinas griegas, romanas, medievales y venecianas emergen entre lagunas, colinas y un denso bosque pegado a la costa. El conjunto arqueológico forma parte de la Lista del Patrimonio Mundial desde 1992.

Del Adriático a las calas de la Riviera jónica
El litoral albanés cambia radicalmente a medida que pones rumbo al sur y aparece la zona que más fama ha dado al país en los últimos tiempos. Aunque el país asoma tanto al Adriático como al Jónico, es en este último donde encontrarás la famosa Riviera albanesa, con pueblos como Dhërmi, Himarë o Borsh.
En Dhërmi puedes bajarte a la espectacular bahía de Gjipe, oculta al final de un cañón; mientras que alrededor de Himarë aparecen calas de grava fina y agua cristalina. Más al sur aguardan la bahía de Porto Palermo y los kilómetros de playa abierta de Borsh.

Frente al perfil más llano y las playas de arena del Adriático al norte, el Jónico está lleno de acantilados que caen en picado sobre aguas turquesas. Lo que más nos gusta es que puedes pasar la mañana entre las ruinas de Butrinto y la tarde dándote un baño en el mar.
Los Alpes donde empiezan los grandes paisajes de montaña
Para cambiar drásticamente de tercio hay que apuntar al norte. Los Alpes albaneses son un espectáculo de valles y cumbres afiladas donde se concentran los mejores trekkings del país.
Theth es la aldea de montaña por excelencia. Desde allí salen rutas caminando hacia la cascada y el cañón de Grunas, entre casitas tradicionales y una sensación de aislamiento que te va a alucinar.

Al otro lado de la sierra se despliega el valle de Valbona, dominado por inmensas paredes verticales de caliza y el río cristalino que le da nombre. La mítica travesía a pie entre Theth y Valbona es uno de esos senderos que por sí solos justifican hacer todo el viaje.
Esta etapa exige un punto más de planificación: los transportes son más ajustados, el tiempo en la montaña cambia rápido y la cobertura desaparece en cuanto te adentras en los senderos. Hay que ir siempre con cabeza.
Un lago de millones de años entre dos países
El mapa patrimonial de Albania no está completo sin una parada en el lago Ohrid, en la frontera con Macedonia del Norte (esta región es otro de los Patrimonios). Es uno de los lagos más antiguos de Europa y destaca por un ecosistema único con docenas de especies de peces endémicas.
En la orilla albanesa, la tranquila localidad de Pogradec sirve de base para asomarse a este mar interior rodeado de cumbres. Además, el país cuenta con dos reservas forestales (Lumi i Gashit y Rrajca) dentro de la red europea de bosques primarios de hayas protegidos por la UNESCO.
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