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Malta es uno de esos destinos capaces de condensar siglos de historia en apenas 316 kilómetros cuadrados. Fenicios, romanos, árabes, normandos, franceses y británicos dejaron aquí una huella imborrable que hoy convive con una escena gastronómica en plena efervescencia, hoteles de diseño y algunas de las aguas más cristalinas del Mediterráneo. Más que un destino de playa, Malta es un viaje donde la cultura, la arquitectura y el mar forman un perfecto ecosistema.
Qué ver en Malta
La Valeta: la capital barroca que mira al Mediterráneo
La primera mañana en Malta debe comenzar, de manera inexcusable, en La Valeta, la minúscula capital con alma colosal que se erige como un testimonio vivo de su glorioso pasado. Fundada en 1566 por los Caballeros de San Juan, la ciudad fortificada se despliega en un laberinto de calles empedradas, donde el barroco se plasma en cada esquina y se respira una atmósfera profundamente mediterránea. Sus estrechas calles, largas y angostas, las piedras con sabor inmemorial, las murallas y la huella de la orden de San Juan, le conceden una atmósfera muy particular, como si estuviéramos en una novela de thriller histórico, en la que el cualquier momento puede aparecer en el interior de una catacumba el mismísimo Santo Cáliz.
Iniciamos la jornada temprano, junto a las murallas que dominan el Gran Puerto, iluminados por el vespertino sol. El silencio del amanecer se rompe al paso por los jardines de Upper Barrakka, un mirador de postal que ofrece vistas panorámicas al mar donde el ir y venir de barcos parece un cuadro en movimiento. Cada día al mediodía, el tradicional disparo del cañón que recuerda el pasado militar de la isla. Para cruzar al otro lado del puerto merece la pena tomar una tradicional dgħajsa, la embarcación de madera maltesa que conecta con las Tres Ciudades.
La Concatedral de San Juan, con su interior ricamente decorado, es parada obligada. En esta joya gótica y barroca donde el horro vacui alcanza su máxima expresión, se guarda “La Decapitación de San Juan Bautista” de Caravaggio, una obra que, por sí sola, justifica la visita. Pero La Valeta es también un escenario vivo: sus plazas, cafés y calles rebosan con propuestas culturales constantes, desde exposiciones contemporáneas hasta festivales nocturnos que celebran la música y el teatro.
El recorrido continua por Republic Street y Merchant Street, las dos grandes arterias de la ciudad, dos calles de postal, en la que cada rincón es una fotografía. Entre balcones de madera pintados en tonos verdes y azules, iglesias barrocas y pequeñas plazas siempre animadas, aparecen edificios históricos como el Palacio del Gran Maestre, antigua sede de los caballeros, o el elegante Teatro Manoel, considerado uno de los teatros en funcionamiento más antiguos de Europa.
Las Tres Ciudades: la Malta más auténtica
Frente a La Valeta, al otro lado de las aguas tranquilas del Grand Harbour, se alzan Birgu, Senglea y Cospicua, conocidas como las Tres Ciudades. Mucho menos concurridas que la capital, conservan intacta la esencia de la Malta más auténtica, donde el ritmo pausado, las fachadas de piedra dorada y la vida cotidiana de sus habitantes invitan a descubrir un destino alejado de las rutas más transitadas.
Birgu, la más antigua y probablemente la más fascinante de las tres, fue la primera residencia de los Caballeros de San Juan antes de la construcción de La Valeta. Su entramado de calles medievales, cuidadosamente restauradas, conduce hasta elegantes palacios, pequeñas iglesias y plazas silenciosas que evocan siglos de historia. Pasear junto al puerto deportivo, donde yates de lujo y veleros conviven con antiguas fortificaciones, visitar el imponente Fuerte de San Ángel o detenerse en alguna de sus terrazas con vistas al puerto, permite descubrir una ciudad profundamente ligada al mar.
Senglea, construida sobre una estrecha península fortificada, ofrece algunas de las panorámicas más bellas del Grand Harbour. Sus murallas y bastiones, levantados para proteger la isla de los ataques otomanos, desembocan en el mirador de Gardjola, una torre de vigilancia coronada por los emblemáticos ojos y oídos esculpidos que simbolizan la vigilancia permanente sobre el puerto. Sus calles estrechas, salpicadas de balcones tradicionales malteses pintados en vivos colores, reflejan la vida tranquila de un barrio que conserva un marcado carácter local.
Cospicua, la mayor de las Tres Ciudades, es también la menos turística y la que mejor transmite el pulso cotidiano de Malta. Rodeada por las impresionantes fortificaciones conocidas como las Líneas de Santa Margarita y las Líneas de Cottonera, combina edificios históricos con pequeñas plazas, cafés de barrio y un animado paseo marítimo.
Mdina y Rabat: viajar varios siglos atrás
Si existe un lugar donde el tiempo parece haberse detenido es Mdina. Conocida como la Ciudad del Silencio, la antigua capital de Malta conserva intacto su trazado medieval entre murallas de piedra dorada.
La visita comienza atravesando su monumental puerta barroca para recorrer un laberinto de callejuelas donde apenas circulan coches. Palacios nobiliarios, iglesias escondidas y patios interiores aparecen tras cada esquina. La Catedral de San Pablo, el Palazzo Falson —uno de los edificios medievales mejor conservados del país— y el Bastión de Mdina, desde donde se domina gran parte de la isla, son algunas de sus paradas imprescindibles.
A pocos minutos caminando se encuentra Rabat, mucho más local y animada. Aquí merece la pena visitar las Catacumbas de San Pablo y Santa Ágata, una extensa red subterránea utilizada durante los primeros siglos del cristianismo, así como la Domus Romana, que conserva algunos de los mosaicos romanos más importantes del Mediterráneo.
El mar: calas escondidas y acantilados infinitos
Las aguas que rodean Malta son el otro gran protagonista del viaje. Aunque la Blue Lagoon, en la pequeña isla de Comino, continúa siendo uno de los lugares más fotografiados del archipiélago, merece la pena visitarla a primera hora de la mañana o al atardecer para disfrutar de su espectacular color turquesa con mucha más tranquilidad. Muy cerca se encuentra la menos conocida Crystal Lagoon, accesible únicamente en barco o nadando, una de las mejores zonas para practicar snorkel y buceo.
En la isla principal destacan playas como Ghajn Tuffieha, protegida por altos acantilados y mucho más tranquila que su vecina Golden Bay, o la extensa Mellieha Bay, la mayor playa de arena de Malta, perfecta para pasar el día.
Para quienes prefieran paisajes salvajes, los Acantilados de Dingli ofrecen algunos de los mejores atardeceres del país. Desde aquí parte una agradable ruta senderista entre campos agrícolas, antiguas torres defensivas y espectaculares vistas sobre el Mediterráneo. Otro rincón imprescindible es Fomm ir-Rih, una de las calas más remotas de la isla, solo accesible tras una caminata, donde el silencio conversa con el sonido del mar.
Popeye Village: el plató que se convirtió en uno de los iconos de Malta
En la tranquila Anchor Bay, al noroeste de la isla, se esconde uno de los lugares más singulares de Malta. Lo que hoy es Popeye Village nació en 1979 como el gigantesco decorado construido para el rodaje de la película Popeye, protagonizada por Robin Williams. Tras finalizar el rodaje, el pequeño pueblo de casas de madera de colores no fue desmontado y terminó transformándose en una de las atracciones más visitadas del archipiélago.
Más allá de su faceta como parque temático, merece la pena acercarse simplemente para contemplar el conjunto desde los miradores que rodean la bahía. Las coloridas construcciones contrastan con el intenso azul del Mediterráneo, creando una de las estampas más fotografiadas de Malta. Durante los meses de verano es posible bañarse en las aguas cristalinas de Anchor Bay, realizar excursiones en pequeñas embarcaciones o practicar actividades acuáticas.
Dónde dormir
Malta ofrece una atractiva selección de hoteles que combinan diseño, patrimonio y el inconfundible estilo de vida mediterráneo. Desde elegantes refugios urbanos en La Valeta hasta modernos resorts junto a la costa de St. Julian’s, estas son algunas de nuestras recomendaciones:
ME Malta (La Valeta). Situado en el animado distrito de St. Julian’s, dentro del exclusivo complejo Mercury Towers diseñado por Zaha Hadid Architects, ME Malta representa la nueva generación del lujo contemporáneo en la isla. Sus amplias habitaciones y suites, muchas con vistas al Mediterráneo, se complementan con una cuidada propuesta gastronómica, un espectacular rooftop con piscina infinita, spa y una programación que conecta con la escena cultural y social de Malta.
The Phoenicia Malta (La Valeta). A las puertas de La Valeta, este icónico hotel de cinco estrellas es uno de los grandes clásicos de la isla. Rodeado de jardines y con vistas al puerto, combina el encanto de un edificio histórico con habitaciones elegantes, una magnífica piscina infinita y un servicio impecable.
Iniala Harbour House (La Valeta). Ubicado frente al Grand Harbour de La Valeta, este exclusivo hotel boutique ocupa varios edificios históricos cuidadosamente restaurados. Sus interiores contemporáneos, el reconocido spa y las espectaculares vistas lo convierten en un lugar de sobrecogedora belleza.
Rosselli AX Privilege (La Valeta). Escondido entre las calles barrocas de La Valeta, este pequeño hotel de lujo ocupa un palacio del siglo XVII reinterpretado con un elegante diseño contemporáneo. Dispone de una azotea con piscina y uno de los restaurantes gastronómicos más interesantes de la ciudad.
The Xara Palace Relais & Châteaux (Mdina). En el corazón de Mdina, este hotel boutique ocupa un palacio del siglo XVII y cuenta con solo unas pocas habitaciones y suites, muchas de ellas con terrazas privadas y vistas panorámicas a la isla. Una opción ideal para quienes buscan una experiencia exclusiva cargada de historia.
Dónde comer
La gastronomía maltesa es un fiel reflejo de su historia. Las influencias italianas, árabes y británicas conviven con el excelente producto del Mediterráneo en una escena culinaria que combina restaurantes con estrella Michelin, tabernas tradicionales y propuestas contemporáneas repartidas por toda la isla.
ION Harbour by Simon Rogan (La Valeta). Con dos estrellas Michelin y unas vistas privilegiadas al Grand Harbour, este restaurante es uno de los grandes referentes gastronómicos de Malta. Su propuesta gira en torno al producto local y la estacionalidad, con una cocina creativa y elegante.
Noni (La Valeta). En una de las calles más bonitas del centro histórico, este restaurante con estrella Michelin reinterpreta la cocina maltesa desde una óptica contemporánea. Un imprescindible para quienes buscan una experiencia gastronómica refinada.
The Medina Restaurant (Mdina). Ubicado dentro de una casa normanda de más de 500 años de antigüedad, en pleno corazón de la Ciudad del Silencio, este restaurante ofrece una cocina mediterránea con influencias maltesas en uno de los escenarios más románticos de la isla. Su encantador patio interior es uno de sus grandes atractivos.
Root 81 (Rabat). A pocos minutos de Mdina, este pequeño restaurante se ha convertido en una de las sorpresas gastronómicas de Malta gracias a una propuesta basada en ingredientes de proximidad y una cocina de temporada elaborada con gran sensibilidad. Perfecto para descubrir el lado más auténtico de Rabat.
Bahia (Balzan). Situado en el elegante Corinthia Palace, este restaurante con estrella Michelin apuesta por una cocina de autor inspirada en los sabores y productos de Malta. Un destino gastronómico en sí mismo, ideal para una ocasión especial.

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