domingo, 30 de agosto de 2026

Canal Curiosidades : Un científico plantea un plan loco para salvar a la Tierra cuando muera el Sol dentro de 5.000 millones de años

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La propuesta pasa por construir un escudo solar gigantesco, alimentar la Tierra con energía de fusión desde Júpiter y modificar poco a poco la órbita del planeta para mantenerlo habitable durante billones de años

Aunque sea muy lejana, la Tierra tiene fecha de caducidad. Antes de que el Sol desaparezca definitivamente, el aumento progresivo de su luminosidad terminará haciendo nuestro planeta inhabitable. Y dentro de unos 5.000 millones de años, cuando nuestra estrella agote el hidrógeno de su núcleo y se convierta en una gigante roja, su expansión podría alcanzar las proximidades de la órbita terrestre.

La solución evidente para una hipotética civilización que siguiera existiendo entonces sería abandonar la Tierra. Sin embargo, el investigador científico Gabriel Harry propone algo bastante más radical: transformar prácticamente todo el sistema solar para evitar tener que marcharnos.

Harry, que cuenta con un máster en Matemáticas Aplicadas, ha desarrollado un conjunto de proyectos de megaingeniería que, según sus cálculos, podrían conservar la habitabilidad de la Tierra durante otros 9,1 millones de miles de millones de años. Su trabajo, titulado Retaining Earth's Habitability Beyond the Life of the Sun, está disponible como prepublicación y ha sido aceptado para su publicación en el Journal of the British Interplanetary Society.

Tal y como explaya Harry, el primer problema sería impedir que el futuro Sol convertido en gigante roja achicharrase nuestro planeta. Para ello, Harry propone construir una gigantesca pantalla solar situada cerca del punto de Lagrange L1, una región entre el Sol y la Tierra donde las fuerzas gravitatorias permiten mantener estructuras relativamente estables.

La escala resulta difícil de imaginar. El sistema tendría que bloquear una región de unos 70 grados del cielo. En su versión propuesta, Harry calcula una pantalla de aluminio de unos 350.000 kilómetros de radio, instalada mediante un cable de carbono de aproximadamente dos millones de kilómetros. Para fabricar la estructura haría falta utilizar recursos equivalentes a alrededor del 40% del planeta enano Ceres y el 0,01% de la masa de la Luna.

Pero bloquear el Sol plantea inmediatamente otro problema: ¿de dónde obtendría la Tierra la energía necesaria para mantener temperaturas compatibles con la vida? La respuesta del investigador está en Júpiter. Harry imagina reactores de fusión situados aproximadamente 6.500 kilómetros dentro de la atmósfera del gigante gaseoso, donde aprovecharían su hidrógeno y helio como combustible. La energía obtenida se transmitiría posteriormente mediante láseres hasta la Tierra, creando en la práctica una fuente artificial de luz y calor.

A escalas temporales enormes, el interior terrestre acabaría enfriándose y la actividad tectónica podría desaparecer

Aun así, ni siquiera eso evitaría que la expansión solar amenazara físicamente al planeta, porque para sobrevivir habría que cambiar la órbita de la propia Tierra.

Una posibilidad sería hacer pasar repetidamente un asteroide cerca del planeta para que los encuentros gravitatorios transfirieran poco a poco energía a su órbita. La investigación calcula que podrían ser necesarios alrededor de un millón de sobrevuelos. Y. debido al enorme riesgo de semejante operación, Harry plantea como alternativa extraer oxígeno de Júpiter y lanzar un flujo de partículas junto a la Tierra para producir gradualmente un efecto gravitacional parecido.

Alejar la Tierra del Sol tampoco saldría gratis. A escalas temporales enormes, el interior terrestre acabaría enfriándose y la actividad tectónica podría desaparecer, interrumpiendo procesos esenciales como el reciclaje de nutrientes. La solución del estudio sería introducir aproximadamente dos kilogramos de antimateria diarios en el núcleo terrestre para liberar energía y mantener caliente el interior del planeta.

Y todavía quedaría proteger al sistema solar de amenazas externas. Durante la futura interacción entre la Vía Láctea y Andrómeda, Harry propone incluso modificar la trayectoria de todo el sistema mediante haces de hidrógeno disparados cerca de los polos solares, aprovechando nuevamente interacciones gravitatorias para alterar lentamente su movimiento.

Nada de esto constituye, evidentemente, un proyecto tecnológico realizable en un horizonte imaginable. El propio trabajo funciona fundamentalmente como un ejercicio de física y megaingeniería llevado hasta sus últimas consecuencias. Su tesis es que conservar la Tierra podría requerir, al menos sobre el papel, menos energía que trasladar una civilización entera entre sistemas estelares y terraformar otro mundo.

No obstante, el resultado sería una Tierra extraordinariamente distinta, iluminada artificialmente y mantenida mediante una infraestructura distribuida por todo el sistema solar, pero todavía reconocible como nuestro planeta.

“Construyendo y manteniendo estas salvaguardas”, escribe Harry, “la vida podría seguir disfrutando de geología, seguridad, estaciones, días y noches estrelladas” durante una cantidad de tiempo casi inconcebible. Incluso después de que, dentro de unos cien billones de años, las últimas estrellas terminasen apagándose, todavía quedaría energía para mantener encendida nuestra particular Tierra artificial.


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