El cambio climático ya no es una amenaza lejana que solo aparece en informes científicos, sino que sus efectos están transformando algunos de los rincones más extremos del planeta y alterando la vida de quienes los habitan. En el Ártico, el deshielo está provocando cambios especialmente visibles, donde mientras algunas especies pierden su hogar, otras están encontrando nuevas oportunidades.

Eso es precisamente lo que está ocurriendo ahora frente a la costa este de Groenlandia, donde cada vez más ballenas gigantes se acercan a aguas que hasta hace poco les resultaban inaccesibles. El hielo marino actuaba como una barrera natural que les impedía acercarse a determinadas zonas costeras, pero el deshielo provocado por el calentamiento del océano ha provocado que estos gigantes marinos estén expandiendo su dominio.

Un nuevo estudio publicado en la revista Frontiers in Marine Science documenta esta transformación a través de décadas de observaciones. Ballenas jorobadas, rorcuales comunes y rorcuales aliblancos están protagonizando concentraciones de alimentación durante los veranos en el este de Groenlandia, en un fenómeno que los investigadores consideran parte de un profundo cambio en el ecosistema de la región.

La clave está en la alimentación

El estudio pone la mesa cifras que evidencian la magnitud del cambio. Las campañas realizadas desde barcos no registraron ninguna ballena jorobada en la zona hasta 2006. Un año después se produjeron siete avistamientos y, en 2024, la cifra ya había superado los 150. Los estudios aéreos también mostraron una presencia prácticamente continua de las tres especies estudiadas a lo largo de amplias zonas de la costa oriental groenlandesa.

Para reconstruir esta transformación, los científicos combinaron los registros obtenidos durante años con censos aéreos, el seguimiento por satélite de 15 ballenas y los conocimientos aportados por cazadores inuit. Su conclusión es que el este de Groenlandia está experimentando un cambio ecológico de enorme magnitud, impulsado por el aumento de la temperatura del mar y la reducción de la cobertura de hielo.

El calentamiento de estas aguas ha favorecido el desplazamiento de especies como el capelán hacia nuevas zonas, creando una enorme fuente de alimento para las ballenas. Los investigadores calculan que en el verano de 2024 visitaron el mar de Groenlandia unas 4.000 ballenas jorobadas, 6.000 rorcuales comunes y 6.000 rorcuales aliblancos, capaces de consumir conjuntamente al menos 800.000 toneladas de peces y krill durante la temporada.

Este fenómeno demuestra que el cambio climático no afecta a todas las especies de la misma manera. Mientras estas grandes ballenas parecen estar aprovechando las nuevas oportunidades que ofrece un Ártico más cálido y con menos hielo, animales estrechamente ligados a las condiciones tradicionales de la región, como los narvales y las belugas, podrían estar perdiendo parte de su hábitat o viéndose desplazados.