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Cualquiera que visite las colecciones de arte egipcio de alguno de los grandes museos del mundo tal vez observe un pequeño detalle que se repite en algunas estatuas, tanto de reyes, como de nobles y de altos funcionarios. Y es que muchas de ellas sostienen en uno de sus puños cerrados un curioso objeto cilíndrico que sobresale por los extremos. Pero ¿de qué se trata exactamente? ¿Qué significa?
Se han formulado algunas hipótesis al respecto: que si es un rollo de papiro, un cetro recortado o tal vez un testigo de madera. Pero según algunos expertos en arte egipcio no estaríamos ante un simple accesorio decorativo. De hecho hay investigadores que creen que este cilindro juega un papel relacionado con la técnica escultórica, aunque otros piensan que, en realidad, se trata de un símbolo de estatus social.
Y es que la dificultad de esculpir piedras de tanta dureza como la diorita, la grauvaca o el granito representaba todo un reto para un escultor de hace más de cuatro mil años. Por eso, para aquellos que creen que la técnica se encuentra detrás de la presencia de este objeto en muchas esculturas, como el egiptólogo alemán Ludwig Borchardt (1863-1938), que abordó este enigma en su catálogo Statuen und Statuetten, el misterioso cilindro no era más que un bloque de "espacio negativo" no vaciado.
un objeto controvertido
Según Borchardt, los antiguos artesanos egipcios descubrieron que si esculpían los dedos cerrados dejando el puño hueco por dentro, la presión mecánica que se ejercía al tallar la zona podía romperlos fácilmente. De este modo, si dejaban en el interior del puño ese cilindro macizo de piedra, que unía la palma con las puntas de los dedos, la mano de la escultura no se rompería.
Asimismo, Borchardt observó que en los relieves, las figuras representadas nunca llevaban este elemento e indicó que ocurría lo mismo en las piezas de madera (aunque hallazgos posteriores demostrarían que no estaba totalmente en lo cierto).
Por su parte, Henry George Fischer (1923-2006), del Museo Metropolitano de Arte de Nueva York, también se sumó a la teoría de Borchardt. Fischer señaló que el cilindro aparece con frecuencia en esculturas realizadas en piedras duras, lo que podría respaldar la idea de que tuviese una función estructural.
Ejemplo de ello son las famosas Tríadas de Micerino y el grupo escultórico de Micerino y su esposa, de la dinastía IV, descubiertas en el templo bajo del faraón en Guiza. En estas magníficas esculturas de esquisto, el faraón aparece representado siempre con los puños cerrados sosteniendo ese objeto. Entonces, ¿finalmente se trataba de una solución de ingeniería?
Pues al parecer no todos los investigadores están de acuerdo con eso. Y es que esta teoría no explica por sí sola la presencia del curioso cilindro en determinadas esculturas realizadas en materiales blandos, como la madera. Al no existir en estos casos la misma necesidad técnica de evitar roturas que en las piedras duras, estas obras sugieren que el cilindro poseía, además, un significado simbólico.
Siguiendo con los símbolos, algunos expertos creen que en el caso de las estatuas reales, el cilindro simbolizaría un documento de carácter sagrado. Entre quienes sostienen esta hipótesis se halla el arquitecto y egiptólogo alemán Herbert Ricke (1901-1976), quien propuso que en estas representaciones, el cilindro representaba el mekes, un estuche cilíndrico diseñado para contener un papiro de vital importancia para el soberano: el Imyt-per, una especie de "escritura" de propiedad sobre todo Egipto otorgada por los dioses, lo que le confería la legitimidad para gobernar.
Ahora bien, si el cilindro representaba una "escritura divina", propiedad exclusiva del faraón (aunque esta teoría no tiene un respaldo mayoritario entre los investigadores) ¿por qué se incluye también en estatuas de nobles, visires o altos funcionarios?
¿un elegante pañuelo de lino?
En este contexto, el arqueólogo austríaco Hermann Junker (1882-1962) manifestó que mientras excavaba en Guiza pudo estudiar algunas esculturas de funcionarios que portaban el misterioso cilindro de piedra. Junker llegó a la conclusión de que, en estos casos, el objeto representaba el neba, un fino pañuelo de lino enrollado. ¿Es posible que pudiese tratarse de algo tan mundano como un pañuelo?
Para Junker, este pañuelo serviría para secarse el sudor o limpiarse, ya que era impensable presentarse ante el faraón si no era estando totalmente impoluto. Así, según esta teoría, representar este pañuelo en la mano de las estatuas de la nobleza y el alto funcionariado era una forma de indicar que esa persona ostentaba un alto estatus.
En esta misma línea, la egiptología moderna añade que este elemento textil no era en realidad algo meramente mundano; funcionaría de un modo muy similar a un bastón de mando: sería un atributo de poder que separaría al noble de la plebe.
Un buen ejemplo de ello lo tenemos en la representación de un noble del Reino Antiguo que incluye este elemento en sus manos. Se trata de la estatua del alto funcionario Raherka, que forma un magnífico grupo escultórico policromado junto a su esposa Meresankh. En ella, Raherka aparece de pie y con sus puños cerrados a ambos lados del cuerpo sujetando firmemente los enigmáticos cilindros.
Asimismo, algunos investigadores sugieren que el cilindro podía poseer también un significado religioso. En el caso de representar un pañuelo o una tela de lino enrollada, este elemento podría haberse asociado a la pureza ritual. Además, dado el importante papel que tenía el lino en el proceso de momificación (las vendas de las momias eran de este material), no es descartable que pudiera relacionarse con la regeneración, aunque esta interpretación sigue siendo controvertida.
nuevas posturas
Finalmente, para resolver el continuo debate entre solución técnica o símbolo religioso o de autoridad, las corrientes de análisis más recientes en egiptología proponen una vía intermedia en la que la ingeniería y la espiritualidad no serían excluyentes.
Bajo esta perspectiva se parte de la base de que, en el antiguo Egipto, las estatuas debían sostener objetos sagrados, pero tallar ciertos detalles en piedra era difícil y podía comprometer la integridad de la escultura. Debido a esto, el cilindro podía haber nacido, efectivamente, como una solución técnica contra roturas en estatuas de piedra, pero acabó convirtiéndose en un elemento visual para representar el prestigio.
Esto explicaría su aparición en materiales blandos como la madera, e incluso en piezas posteriores de fayenza y de bronce. De hecho resultó ser un elemento muy versátil: podía representar desde la "escritura" de propiedad del Doble País, en el caso del faraón, hasta un elegante pañuelo de lino (con sus significados ocultos) en las estatuas de nobles y altos funcionarios.
Finalmente, parece que numerosas pruebas apuntan a que el cilindro misterioso era mucho más que un simple recurso ideado en un taller de escultura. Algunos egiptólogos han señalado además la existencia de signos jeroglíficos que representan una mano sujetando un objeto similar y que aparecen en palabras vinculadas al ejercicio de la autoridad. Estos estudiosos consideran que aunque esta relación no puede verse como una prueba definitiva, sí parece reforzar la idea de que este singular objeto pudo estar asociado al poder, el prestigio o incluso al gobierno.


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