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La erupción del volcán Vesubio en el año 79 d.C brindó a la arqueología un testimonio petrificado bajo capas de ceniza volcánica que maravilló al mundo desde su descubrimiento a finales del siglo XVIII. El descubrimiento de Herculano y Pompeya alentó a arqueólogos de todo el mundo a buscar sus propias "Pompeyas", y hoy os mostramos dos yacimientos que también sufrieron la ira de sus propios volcanes.
Los restos de Akrotiri sepultados bajo la ceniza del volcán Thera en Santorini y la Joya de Cerén, en El Salvador, una aldea maya perfectamente conservada, pueden ser catalogadas como "pequeñas Pompeyas" gracias al excelente estado de conservación de sus estructuras. Un repaso a su historia nos permitirá comprender que el Vesubio no fue el único volcán que sepultó ciudades antiguas que hoy en día se abren ante los ojos de los visitantes.
Akrotiri, La Pompeya de Santorini
La antigua isla de Thera, llamada en nuestros días Santorini, esconde un precioso secreto bajo las huellas de los miles de visitantes que la recorren cada año: una ciudad minoica perfectamente conservada.
La erupción del volcán que preside el centro del archipiélago, el único en activo del Mar Egeo, aconteció en el II Milenio antes de Cristo y borró del mapa una ciudad perteneciente a la Cultura Minoica de los Segundos Palacios que vivía del comercio, la pesca y el arte de la navegación que la conectaban con la vecina Creta, a 100km de distancia, y con lugares más distantes como Tiro o los puertos de Egipto.
el yacimiento de akrotiri bajo la ceniza del thera
La erupción del volcán Thera que provocó el abandono de Akrotiri comenzó en torno a los años 1650-1600 antes de Cristo. Primero se desencadenaron terremotos que espantaron a los habitantes y les permitieron escapar antes de que una lenta pero constante erupción de cenizas y piedra pómez sepultase su ciudad. Después acontecieron unas lluvias torrenciales, y la isla se hundió varios metros bajo el nivel del mar.
El éxito de las excavaciones en Pompeya y Herculano provocó que los arqueólogos griegos M. Christomanos y M. Alafousos decidiesen excavar en Santorini en busca de aquella Atlántida que aparecía en los mitos como una ciudad sumergida por la ira del mar. En cambio, encontraron una ciudad enterrada bajo 50 metros de roca volcánica y en un estado de conservación semejante a las célebres ruinas a los pies del Vesubio.
Los trabajos posteriores de la Escuela Francesa de Arqueología a comienzos del siglo XXI, y, sobre todo, las metódicas excavaciones realizadas por Christos G. Doumas en los años 70 sacaron a la luz el tesoro más bello de Akrotiri: sus frescos. Algunos, como "Los Boxeadores"o"Los Pescadores" son unas de las mejores muestras de la pintura minoica a la altura del arte desarrollado en los muros del palacio cretense de Knossos.
joya de cerén, "la pompeya de américa".
La civilización maya es una de las más misteriosas de cuantas tuvieron asiento en América central antes de la llegada de los europeos en 1492. Sus ruinas se esparcen por las selvas de México, Guatemala, Honduras y El Salvador como gigantes cubiertos por una espesa vegetación que dificultó su hallazgo durante el siglo XX y que todavía necesitan de las más innovadoras técnicas arqueológicas, como radares e infrarrojos, para mostrar sus secretos.
Por suerte, en El Salvador, en el distrito de San Juan Opico (La Libertad), una erupción volcánica similar a la que sepultó Pompeya y Herculano preservó intactos los restos de Joya de Cerén, un poblado maya dependiente de la ciudad de San Andrés, cuyas ruinas también son visitables. La diferencia es que Joya de Cerén mantiene, gracias a las capas de ceniza volcánica que cayeron sobre sus casas, la fisonomía intacta de las aldeas mayas del siglo VI.
La erupción del volcán Loma Caldera, a apenas un kilómetro de distancia de Joya de Cerén, expulsó hasta quince capas de ceniza volcánica que cubrieron la aldea en el año 660 d.C. La lentitud de la lluvia de cenizas provocó que la población de Joya de Cerén pudiese escapar a tiempo de sus hogares, pero atrás dejaron viviendas, utensilios y restos de su vida cotidiana que lo convierten en el yacimiento más valioso de Mesoamérica.
así era una aldea maya en el siglo vii d.c.
El pueblo de Joya de Cerén hospedaba campesinos que servían a los señores mayas que habitaban en la cercana ciudad de San Andrés, en las montañas de la vertiente sudoccidental de El Salvador. Se han encontrado más de una docena de viviendas estructuradas como dormitorios, cocinas y bodegas donde se almacenaban frijoles, chiles y cacao, alimentos que aún predominan en la gastronomía salvadoreña.
Las viviendas se realizaban con adobe procedente de las riberas del cercano río Sucio y del lago de Ilopando, y su conservación es fruto de la capa de cenizas que cayó sucesivamente sobre la Joya de San Andrés. Los arqueólogos estadounidenses y salvadoreños que trabajan en el yacimiento desde los años 80 han encontrado también la vivienda de un chamán, sacerdote y sanador de la aldea, una casa de consejo y un baño sauna o temazcal.
Los trabajos arqueológicos continúan en la actualidad después de verse interrumpidos en varias ocasiones debido a la Guerra Civil de El Salvador (1979-1990) y los terremotos del año 2001. Aún quedan estructuras por identificar en Joya de Cerén que permitirán aportar luz sobre los misterios de la civilización maya, pero mientras los arqueólogos excavan, la fama de la "Pompeya de América" continúa extendiéndose entre los aficionados a la Historia.
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