Hay sensaciones que las palabras no alcanzan a explicar; solo se entienden cuando se viven. Para algunos será coronar la cima de una altísima montaña, o quedar suspendido en el aire al tirarse en parapente, y para otros es verse envuelto de maravillosas criaturas acuáticas mientras un tanque te proporciona el aire que solo imaginas respirar en el exterior.

Al sumergirse el ruido desaparece, la gravedad parece aflojar su dominio y cada respiración se vuelve más pausada, más consciente. Uno pierde casi la noción del tiempo cuando todo a su alrededor es calma, y a pesar de que los segundos parecen estirarse bajo el agua, cuando vuelve a la superficie desearía continuar sumergido.

 

Un pie de playa

En las aguas tranquilas de Tulamben, en el noreste de Bali, estas sensaciones se magnifican cuando además de flotar en la inmensidad del océano, a medida que uno desciende, de forma inesperada, se distingue entre el azul la figura de lo que parece un enorme barco de guerra. A apenas cinco metros de profundidad desde la costa aparece la popa, el punto más alto de un pecio que en realidad se sumerge hasta los 30 metros.

El USAT Liberty Wreck está considerado uno de los pecios más asombrosos del mundo, pues no solo es un fascinante ecosistema de vida marina, sino que ha quedado arraigada a la memoria tangible de un episodio de la Segunda Guerra Mundial y a un desastre natural que lo llevó hasta el fondo del mar. 



La estructura del barco se ha convertido en hogar de más de 400 especies marinas. 

A las ocho de la mañana la playa está tranquila. Desde la misma orilla, ya totalmente equipados, las aletas empiezan a rozar el agua. No está fría. Las aguas indonesias no suelen estarlo, por lo menos en la superficie. De ahí que algunos vistan el traje de neopreno corto. Chaleco hinchado, máscara puesta y regulador en boca. Señal de OK y empieza el descenso.

Al poco rato, una pared submarina inmensa marca el camino hasta la popa del enorme barco, que alcanza los 120 metros de eslora, pero que empieza a verse al llegar a los apenas cinco metros de profundidad. A lo largo de los 50 años que lleva hundido, su estructura ha quedado cubierta por una extensa masa de coral en la que se distinguen corales duros (como los de tipo cerebro y hongo), corales blandos, esponjas amarillas y rojas y gorgonias.



Todo su entorno y estructura está repleta de corales. 

Entre el hierro oxidado, los peces ángel y los peces ballesta patrullan la popa, y al ir descendiendo se distingue la sala de máquinas, donde lo que antes eran calderas ahora se han convertido en hogar de morenas y pulpos. Las bodegas de carga han quedado repletas de corales, bancos de pargos y labios dulces. Ahora el agua si que empieza a estar más fría.

La proa, la zona más profunda -apta solo para buceadores experimentados, ya que se encuentra a 28 metros de profundidad-, aún conserva la cadena del ancla, aunque ahora es un juguete más con el que se divierten las barracudas. El pecio alberga más de 400 especies marinas, dando vida así a un denso ecosistema alrededor de su estructura. En ocasiones, también se pueden ver almejas eléctricas, caballitos de mar, tortugas y nudibranquios de colores

Un barco marcado por la guerra y los desastres naturales



Su destino se vio truncada por un episodio que tuvo lugar durante la Segunda Guerra Mundial y por un desastre natural que lo llevó al fondo del mar. 

Sin embargo, antes de convertirse en uno de los pecios más deseados del mundo del buceo, el USAT Liberty tuvo una vida muy diferente, marcada por la guerra y los desastres naturales y alejada de las profundidades. Su construcción se llevó a cabo durante la Gran Guerra, con una capacidad de 7000 toneladas y con el objetivo de transportar carga y suministros. Acabado el conflicto, entró en servicio comercial surcando las aguas del Atlántico. Sin embargo, al llegar la Segunda Guerra Mundial, su propósito cambió, y en noviembre de 1940 fue requisado por el Ejército de los Estados Unidos para transportar suministros.

Dos años más tarde, en una de sus travesías partió de Australia con rumbo a Filipinas, pero a medio camino su destino se vio truncado. Al atravesar el estrecho de Lombok, un submarino japonés disparó un torpedo que impactó en la sala de máquinas causando daños irreparables y grandes inundaciones. Las enormes cantidades de agua obligaron a la tripulación a vararlo en la cercana playa de Tulamben. Era 14 de enero de 1942, y desde ese día el buque pasó más de 20 años sobre la arena.

En 1963, el Monte Agung (3.031 metros), el volcán más alto de Bali, entró en erupción arrastrando su lava hacia la playa de Tulamben y dejando a su paso enormes desastres en las poblaciones cercanas. Los flujos de lava y los temblores cambiaron la costa y el Liberty acabó hundiéndose en las profundidades del mar. Así hundió con él su historia, la misma que muchos pretenden descubrir sumergiéndose en las aguas que lo hicieron desaparecer