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¿Qué sucede cuando cambian los nombres, pero se conserva la esencia? Casa Ana es el nombre actual de lo que anteriormente fue L'Altra Bruixa. Que a su vez era el bar-restaurante heredero del Bruixas del Poblenou. Durante el pasado año 2025, el cambio de propiedad hizo zozobrar la confianza de muchos amantes del desayuno musculado y el menú popular, de los enamorados locos de la cocina ('mea culpa', me confieso, si soy) que alimenta al barrio a buenos precios, oficio, chup-chup y cucharón. Pero no, de vez en cuando la vida afina con el pincel y el equilibrista no tropezó en el alambre. El tiempo se ha encargado de retornar la calma y la sonrisa al corazón de los cazadores de las (muy) buenas patatas fritas caseras, de la (muy) buena oreja 'a feira' o de un tan rico como 'imposible' fricandó.
Casa Ana (L'Altra Bruixa)
Espronceda, 96. Barcelona
Tf.: 93.011.19.69
Menú diario: 13,50 €
'Esmorzar de forquilla': 10 €
Esta imposibilidad se advierte incluso antes de pasar por la boca: ¡Es naranja-cobrizo este fricandó! Tan rojizo como rico, vaya esto por delante. El guiso está bien cocinado, es jugosa y tierna la ternera, cubierta de salsa untuosa y brillante, una salsa ligeramente cortada con los jugos de la cocción. La carne, eso sí, conserva la ortodoxia del corte fino y las setas habitan la cremosidad de la salsa. Vimos 'cama-secs', que en Barcelona se suelen llamar 'moixernons', y también vimos champiñones. Unos aportan gusto y aroma, los segundos, menos prestigiosos, suman el mordisco carnoso y -especulo- un escandallo razonable, pero esto ya es opinión.

Claro que en un fricandó canónico no aparece el tomate con protagonismo, aquí sofrito y reducido, concentrado. Tiñe de carotenoides el plato, aporta sabor dulzón ligero y se salta a la torera la ley de la pureza del fricandó. ¿Problema? Ninguno, aunque la singularidad debe señalarse. Sea el canónico o con este añadido creativo (otro día debatimos en si la creatividad es patrimonio de la alta cocina, la respuesta rápida es un rotundo no), 'visca' el fricandó.

La oreja 'a feira' de Casa Ana es otro de los bocados que impresiona. La sencillez de esta elaboración funciona como una prueba de calidad y oficio, es un soplón sin miramientos capaza de delatar cualquier imperfección en el producto, en el aliño o en la cocción.
No es el caso, textura en equilibrio perfecto entre la ternura colágena y la ligera resistencia elástica, el mordisco revela sabrosura (punto de sal perfecto, aromas ligeros de laurel) y es correcta la patata, que ejerce de cúpula dorada para darle más alegría al plato. Lo sirven como el pulpo, sobre base de madera y con baño final de aceite de oliva virgen extra y el imprescindible pimentón.
Sede social del club de petanca del Poblenou
La degustamos bajo una placa que proclama el local como sede social del club de petanca del Poblenou. En la mesa cercana, un grupo desayuna en una gran mesa redonda y comparten el vino, que pasa de mano en mano en la eucaristía laica del porrón. Entre las mesas, pasea un parroquiano con camiseta estampada: 'Visca la ratafia' en letras blancas sobre fondo negro. Se siente uno casa. ¿Acaso no tengo razón?

Buena carrillera en salsa de vino tinto. Aunque hubiese preferido algunos minutos más de chup-chup. El fondo y el sabor eran impecables, incluso luciendo esa rusticidad sincera en la textura de la salsa, que me parece un acierto. Aun así, algo más de cocción para enternecer la fibra le hubiese sentado bien. Lo que no cambio por nada son las patatas fritas que acompañan el plato. Bastones gruesos, cortados y fritos en la casa, con un interior deliciosamente fundente y un exterior de crunch ligero, etéreo. Son maravillosas, podrían estar como plato ellas solas en la carta y me pediría dos.
Menú de mediodía a 13,50 €
Buen menú de mediodía a 13,50 € (algunos ejemplos: codillo al horno o bacalao rebozado con 'samfaina'). Alegría y complicidad en la atención de Ana y Fernanda. Comedor sencillo, esto es un bar. Algo ruidoso cuando está lleno. Tienen terraza y, en el Poblenou, siguen siendo una modesta gastro-institución.

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