Una historia que se reescribe
Durante décadas se creyó que los neandertales se habían extinguido hace unos 40 000 años tras un colapso repentino. Sin embargo, una nueva investigación sugiere una interpretación distinta y más matizada: no desaparecieron por completo, sino que se integraron en la población humana moderna a través de miles de años de cruces con nuestros antepasados.
El estudio, publicado en Scientific Reports, analiza el flujo de genes entre las distintas poblaciones prehistóricas mediante modelos matemáticos. Los resultados muestran que los Homo neanderthalensis y los Homo sapiens mantuvieron contactos frecuentes y prolongados, lo que diluyó progresivamente la identidad genética neandertal hasta fundirse con la nuestra.
Los autores explican que la desaparición de los neandertales puede entenderse como un proceso de asimilación lenta, y no como una eliminación súbita. Con cada nueva oleada migratoria de Homo sapiens hacia Europa y Asia occidental, se produjeron ciclos de mezcla genética, reduciendo gradualmente la proporción de ADN neandertal en las siguientes generaciones.
Al cabo de miles de años, su legado genético quedó completamente absorbido por las poblaciones humanas más numerosas. Así, los neandertales dejaron de existir como grupo separado, pero continuaron vivos dentro de nosotros.
Los investigadores describen este fenómeno como un caso de dilución genética progresiva, un proceso que explica tanto la pérdida de su linaje como la persistencia de su huella biológica.
Una desaparición menos dramática
La visión tradicional presentaba a los neandertales como víctimas de un final abrupto: una especie aniquilada por nuestros antepasados, arrasada por enfermedades o incapaz de adaptarse a los cambios climáticos de la última glaciación.
Sin embargo, la nueva teoría desmonta esa narrativa trágica. Según los datos genéticos, no hubo una frontera clara entre el “último neandertal” y los primeros humanos modernos, sino una lenta fusión entre ambas poblaciones.
Como señalan los autores, “más que una extinción repentina, los ciclos repetidos de migración y mezcla genética explican su desaparición como grupo diferenciado”.
El legado que perdura en nuestro ADN
Hoy se sabe que entre el 1 y el 3 % del ADN de las poblaciones europeas y asiáticas proviene de los neandertales. Esa herencia sigue activa en el genoma humano y afecta a rasgos físicos, inmunológicos y metabólicos.
Diversos estudios han vinculado estos genes a la regulación del sistema inmunitario, la respuesta a infecciones víricas, e incluso a una mayor predisposición a la depresión y a enfermedades cardiovasculares.
Lejos de ser un vestigio pasivo, su ADN continúa influyendo en nuestra biología y en la evolución de nuestra especie. En cierto sentido, los neandertales no se extinguieron, sino que se transformaron en parte del ser humano moderno.
Una reflexión sobre lo que significa “desaparecer”
El hallazgo invita a repensar qué entendemos por extinción. Si una especie deja descendencia genética viva, ¿puede decirse que ha desaparecido? Los autores comparan este fenómeno con el barco de Teseo, aquel que, tras sustituir todas sus piezas, planteaba la duda de si seguía siendo el mismo navío.
La humanidad, vista desde esta perspectiva, es un mosaico de fragmentos ancestrales que se entrelazan y difuminan las fronteras entre especies.
Cada persona porta dentro de sí una parte del pasado remoto de la Tierra. En nuestra sangre, los neandertales aún respiran.

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