Si has estado siguiendo durante los últimos años el único programa que aborda temas de misterio que hay en la parrilla televisiva española, puede que te suene el nombre de Avi Loeb. Este astrofísico, además de creer que puede haber una astronave oculta en nuestro planeta, ganó notoriedad cuando dijo que el objeto espacial 'Oumuamua era de origen artificial.
Este 'Oumuamua, detectado en 2017, fue el primer objeto interestelar detectado en nuestro sistema solar y, aunque aún no se sabe de dónde viene, un nuevo estudio conducido por la Universidad de Western Ontario dice que, posiblemente venga de Alpha Centauri. Esta galaxia, vecina de la nuestra, podría estar enviando objetos hacia nosotros constantemente. Lo que no sabemos aún es qué, quién o por qué.
Algo o alguien no para de enviarnos objetos espaciales
En el estudio publicado, los investigadores han concluido que Alpha Centauri parece expulsar objetos por sus fuertes interacciones gravitacionales. No en vano, el sistema principal de Alpha Centauri lo componen tres estrellas: Alpha Centauri A, B y Próxima Centauri. Entre estas tres estrellas y sus planetas generarían fuerzas que expulsarían restos de material al espacio interestelar, pero no hay forma de saberlo con certeza de momento.
Los objetos expulsados varían en tamaño de partículas microscópicas, a fragmentos rocosos como 'Oumuamua, de más de 100 metros de longitud. Estos objetos tardan unos 10 millones de años en llegar a nuestro sistema solar y, al entrar aquí, se esconden en la llamada Nube de Oort, una región helada en los límites de nuestro sistema.
Por ponerlo en perspectiva, imagina que vives en una casa ajardinada y tus vecinos de al lado se ponen a hacer reformas generales en su casa, lanzando escombros por encima de la tapia. Algunos de esos escombros acabarán, irremediablemente, en tu jardín. Esto es lo mismo, pero el trayecto es mucho más largo y los escombros pueden ser realmente grandes.
Actualmente se estima que más de un millón de objetos mayores de 100 metros salidos de Alpha Centauri están ocultos en la ya mencionada Nube de Oort. Sólo uno entre un millón de estos fragmentos estelares estaría dentro de la zona observable de los telescopios espaciales actuales. Viene a ser como buscar una aguja en un pajar, en uno enorme.
Al año entran aproximadamente 10 objetos de Alpha Centauri en nuestra atmósfera, según los científicos. Sin embargo, la mayoría se desintegran. Muchos son demasiado pequeños como para resistir la entrada en la atmósfera; también son demasiado pequeños como para ser declarados como interesantes.
Es como si cada año cayeran 10 gotas de agua del Sáhara en Madrid, pero se evaporasen antes de tocar el suelo. Sabemos que esas gotas de agua están ahí, pero no podemos demostrar que existen... todavía. De conseguir no sólo detectar, sino también rescatar, un fragmento de Próxima Centauri b (un exoplaneta con condiciones favorables para la vida, al estilo de Gliesse b), sería la primera muestra física de fuera del sistema solar que podríamos estudiar.
Y aunque las probabilidades de detección de nuevos objetos siguen siendo muy bajas, cada una de ellas sería histórica. Sería como recibir una especie de carta escrita en piedra desde otro sistema planetario. Veremos qué pasa con la detección de estos objetos en el futuro.
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