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Construida en piedra caliza rosada y rodeada por el paisaje de los Picos de Europa, la Basílica de Santa María la Real de Covadonga es uno de los grandes iconos monumentales de Asturias

La carretera se estrecha a medida que se acerca el santuario y el paisaje empieza a ganar protagonismo. Quien llega a Covadonga suele hacerlo por dos motivos: por la basílica o por los lagos.

En la práctica, ambas forman parte del mismo recorrido. El templo aparece al fondo del valle, con su característico tono rosado, enmarcado por la montaña. No es un edificio aislado ni un monumento urbano; está integrado en un conjunto donde la naturaleza marca el ritmo de la visita.
Un templo monumental que combina arquitectura, simbolismo histórico y uno de los entornos naturales más potentes del país
La Basílica de Santa María la Real de Covadonga se levanta en el concejo de Cangas de Onís, en pleno santuario de Covadonga y a las puertas del Parque Nacional de los Picos de Europa. Su ubicación no es un detalle menor, ya que forma parte de un conjunto donde la espiritualidad, la historia y el paisaje se mezclan sin poder separarse.
El edificio actual se inauguró en 1901 y fue ideado por Roberto Frasinelli y levantado entre 1877 y 1901 por el arquitecto Federico Aparici y Soriano en estilo neorrománico. Está construida íntegramente con piedra caliza rosada extraída de las canteras cercanas, un material que define su personalidad y que cambia de matiz según la luz del día, con tonos más suaves al amanecer y un rosa más intenso al atardecer.

Las torres, los arcos de medio punto y el gran rosetón central le dan un aire solemne, casi de fortaleza, pero el entorno montañoso suaviza esa impresión dándole parte de su atractivo.
En el interior, el ambiente es más sobrio: las bóvedas y las vidrieras filtran la luz y generan un espacio que contrasta con la espectacularidad del exterior.
Un lugar clave en la historia de Asturias
Más allá de su arquitectura, el enclave tiene un peso simbólico evidente y es un sitio de culto católico. En la cercana Santa Cueva se venera a la Virgen de Covadonga, conocida como “La Santina”, y el conjunto está ligado a la tradición que sitúa aquí la batalla de Covadonga en el siglo VIII, considerada el germen del Reino de Asturias.
Ese contexto histórico ha convertido el lugar en uno de los principales centros de peregrinación del norte de España, además de un punto de referencia cultural para la región.
Para muchos visitantes, la basílica es también el inicio de otra experiencia igual de espectacular. Desde aquí parte la carretera que asciende hacia los Lagos de Covadonga, dos pequeños lagos de origen glaciar que son de parada obligada en este viaje. Lo cierto es que hay un tercer lago, el Bricial, que sólo tiene agua durante el deshielo.
Pasar del escenario recogido del santuario a la amplitud de la alta montaña en cuestión de minutos es lo que hace especial al conjunto, ya que la basílica no es solo un monumento aislado, sino la antesala de uno de los paisajes más impresionantes de Europa.
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