CanalSucesos
El silencio de la sala era espeso. Solo el leve zumbido de las luces y el rasgueo de un bolígrafo en una libreta de notas interrumpían la quietud. Frente al tribunal, un hombre de aspecto anodino, con el cabello despeinado y los ojos huidizos, confesaba haber matado a treinta y nueve personas. Su voz no temblaba. No buscaba compasión. Decía llamarse Thomas Quick, y en aquel instante, ante jueces y fiscales boquiabiertos, se convirtió en el peor asesino confeso de la historia de Suecia. A su alrededor, los periodistas tomaban notas frenéticamente. Afuera, el país entero contuvo el aliento. Un monstruo había aparecido, y su relato era tan espeluznante como hipnótico.
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