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Con el oro cotizando en torno a 5.000 dólares la onza después de alcanzar su máximo histórico la semana pasada (5.600), la explotación de este metal precioso se ha convertido en un negocio cada vez más lucrativo. En España, sin embargo, solo hay actualmente una mina dedicada a la extracción de oro, la asturiana El Valle-Boinás, anclada en el cinturón aurífero del Narcea y explotada por la compañía española Orovalle, filial de la canadiense Orvana Minerals.
Del Valle-Boinás se extraen entre 1 y 1,5 toneladas de oro al año, que a los precios actuales tiene un valor de mercado superior a los 130 millones de euros. A esa mareante cifra hay que restar, por supuesto, los ingentes costes de explotación, que reducen considerablemente los márgenes de beneficio, pero aun así es un incentivo para cualquier compañía minera y son muchos los proyectos presentados para intentar poner en marcha nuevas explotaciones.
"Solo en la provincia de León hay actualmente más de 100 cuadrículas mineras de investigación para la extracción de oro, pero ninguna tiene los permisos de explotación. Son concesiones que piden las empresas para realizar estudios evaluativos de la concentración de oro", afirma el geólogo Javier Fernández Lozano, profesor titular del área de prospección e investigación de la Escuela de Minas de la Universidad de León. "Lo curioso es que la mayoría de esas cuadrículas están en zonas que ya habían sido explotadas por los romanos, quienes conocían la presencia de oro hace más de 2.000 años. El problema es que todos esos yacimientos están muy dispersos por la geografía leonesa y el oro se encuentra en pequeñas concentraciones, por lo que explotarlos supondría asumir unos costes enormes", añade.
Uno de esos proyectos es el de la empresa canadiense Pan Global, que este lunes anunció que sus sondeos habían confirmado "la presencia de mineralización aurífera de alta ley cerca de la superficie" en la mina Divina Providencia, en el municipio de Cármenes, cerca de la frontera con Asturias. "La identificación de oro nativo libre dentro de la brecha respalda el potencial de una metalurgia favorable", aseguró el presidente y CEO de la compañía, Tim Moody.
"En esa zona se conoce desde la antigüedad la presencia de cobre, cobalto o níquel, pero ahora ellos, tras una serie de sondeos, parece que han podido identificar oro que podría ser de interés comercial. Dicen que tienen los permisos de investigación de casi 6.000 hectáreas y muestran un panorama muy bueno", señala Fernández Lozano, que estuvo presente en ese yacimiento cuando se realizaron los trabajos de geofísica.
En Asturias también son muchos los sondeos y proyectos que se están llevando a cabo. Orovalle espera comenzar este año a extraer oro en la mina de Carlés, que lleva seis años sin actividad y se ubica a escasos 20 kilómetros de su explotación del Valle-Boinás. Además, el Grupo Arcichamotas ha solicitado permisos de prospección en Belmonte de Miranda, también muy cerca del Valle-Boinás; y Explotaciones Mineras del Cantábrico (ECM) sigue batallando con las administraciones para activar el yacimiento de Salave, en el municipio de Tapia de Casariego, considerado uno de los mayores de Europa occidental y que podría albergar hasta 30 toneladas del preciado metal.

Galicia es otra de las regiones con potencial aurífero. La multinacional canadiense Edgewate estuvo a punto de explotar uno de ellos la pasada década en Corcoesto (La Coruña), donde llevó a cabo prospecciones y determinó que podría extraer a cielo abierto más de una tonelada de oro al año. La oposición vecinal y de los grupos ecologistas llevaron a la Xunta a paralizar el proyecto ante el riesgo de contaminación por cianuro.
"El cinturón aurífero del noroeste, que viene desde la Cordillera Cantábrica y atraviesa toda el área asturoccidental-leonesa y parte de Galicia, es donde más concentración de oro hay de toda la península ibérica. Existen muchos yacimientos que ya fueron explotados durante la época romana e, incluso, antes de la llegada de los romanos", recalca el geólogo de la Universidad de León.
Además del noroeste peninsular, la extracción de oro también está despertando interés en Andalucía, concretamente en la llamada Faja Pirítica de Huelva, uno de los terrenos de sulfuros masivos (VMS) más productivos del mundo y donde se encuentran las famosas minas de Río Tinto. "En toda esta zona siempre se ha extraído algo de oro como subproducto, es decir, explotaciones que se dedicaban a la extracción de otros recursos, como cobre, zinc o plata, también extraían pequeñas cantidades de oro", asegura Ester Boixereu, especialista en Recursos Minerales y vocal del Colegio Oficial de Geólogos (ICOG).
La compañía canadiense Emerita Resources, que explota tres depósitos polimetálicos en Huelva, es una de las que extrae oro, además de cobre, plomo, zinc y plata. Y hace un par de semanas informó de que había logrado alcanzar una recuperación de oro del 64,3% en su yacimiento de La Romanera, un valor significativamente elevado que anima a desarrollar sus procesos para maximizar la extracción de este metal.
En Extremadura también se ha localizado potencial aurífero en varias zonas de esa comunidad. En La Codosera (Badajoz) se han realizado prospecciones y empresas mineras de capital canadiense y australiano presentaron hace años proyectos para empezar a extraer oro, aunque ninguno llegó a materializarse. Actualmente, hay más de una treintena de permisos de investigación vigentes.
Otro yacimiento de oro patrio se encuentra en Almería, en las minas de Rodalquilar, que se dejaron de explotar en 1966 debido al agotamiento de los filones, aunque todavía queda una reserva aurífera por extraer. Sin embargo, al encontrarse dentro del Parque Natural del Cabo de Gata, es prácticamente imposible que vuelvan a ponerse en marcha debido a la protección medioambiental. Asimismo, en algunos ríos del Pirineo, como el Segre, existen concentraciones de oro aluvial en los sedimentos, pero su explotación comercial también es compleja por la escasa concentración y las áreas naturales protegidas.
"Son yacimientos primarios y la extracción es compleja"
"España tiene unas leyes medioambientales muy restrictivas para la minería y eso perjudica a las empresas, muchas de las cuales deciden no plantear proyectos precisamente por ese motivo. Para sacar un proyecto minero adelante y que empiece a funcionar, pueden pasar perfectamente entre 10 y 20 años", dice Fernández Lozano.
La explotación del oro tiene, además, cierta complejidad técnica en nuestro país: "La mayoría de los yacimientos son primarios y el proceso de extracción es complejo porque el oro va asociado al cuarzo, a sulfuros, a otros metales... entonces hay que realizar una transformación metalúrgica para extraer el mineral de la roca. Eso a veces conlleva gastos importantes, no solo de maquinaria, sino de procesos químicos y gravimétricos que hay que realizar para extraerlo".
Los grupos ecologistas se muestran, además, muy beligerantes con las explotaciones auríferas. "Por cada gramo de oro hay que extraer, mover y procesar miles de toneladas de roca. Desde un punto de vista estrictamente económico, ya no digo ni siquiera desde un punto de vista medioambiental, no existen razones que puedan justificar abrir ese tipo de explotaciones de dimensiones tan colosales. De hecho, no tiene ningún sentido que la minería del oro siga siendo legal en España", afirma Joám Evans, coordinador del Observatorio Ibérico de la Minería (MINOB).
"Por ejemplo, la mina del Valle-Boinás lleva 10 años en un procedimiento penal por contaminar con selenio y arsénico el río Cauxa, afluente del Narcea. No es ningún ejemplo de minería inocua, sostenible o sin impactos, sino más bien todo lo contrario", recalca Evans, en referencia a la única mina de oro en activo de España.
No comparte esa visión fatalista la vocal del Colegio Oficial de Geólogos, quien subraya que "la minería del oro puede realizarse perfectamente sin dañar el medioambiente" siempre que se cumpla la normativa. "La legislación española impone una serie de normas muy estrictas a la minería. De hecho, es una de las actividades industriales más controladas y reguladas que existen. Si una empresa minera provoca un vertido o comete cualquier irregularidad, tiene que pagar cuantiosas multas. Además, la minería es fuente de riqueza para el territorio en el que se desarrolla, lo que ocurre es que hay mucho desconocimiento y desinformación sobre este tema", afirma Boixereu.
"La minería tradicional utilizaba mercurio para procesar el oro, pero en la industria actual ya no se utiliza. Evidentemente, sigue habiendo procesos de cianuración y gravimétricos, que utilizan productos químicos y, si no están bien controlados, pueden provocar problemas medioambientales importantes, pero para eso están las leyes", coincide Fernández Lozano, que, no obstante, entiende la conciencia ecologista: "Es un tema delicado porque hemos visto casos en los se han producido vertidos que no se han terminado de controlar. Eso genera desconfianza en la opinión pública".
España: 5º productor de oro de la UE y 20ª reserva mundial
España es el quinto mayor productor de oro de la Unión Europea (1,4 toneladas), por detrás de Bulgaria (10,9), Finlandia (8,8), Suecia (7,3) y Grecia (3), según datos de The Global Economy relativos a 2023. Esa producción es, sin embargo, pírrica si la comparamos con las grandes potencias mundiales en extracción de oro: China (375 toneladas), Rusia (313), Australia (296), Canadá (198) y Estados Unidos (170). Entre esos cinco países concentran cerca del 50% de la producción mundial.
No obstante, aunque China es el primer productor del mundo, las principales compañías mineras son de capital norteamericano: Newmont (EEUU) y Barrick Gold (Canadá), que gestionan explotaciones por todo el planeta y producen el 10% del total mundial.
Solo el complejo Nevada Gold Mines, la mayor explotación aurífera del mundo, en el estado norteamericano de Nevada, extrae anualmente más de 100 toneladas del metal dorado. Es decir, ese yacimiento estadounidense produce en un solo año prácticamente la misma cantidad de oro que produciría España en un siglo.

Estados Unidos es también el país que más reservas de oro atesora (8.133 toneladas), la mayor parte de ellas custodiadas en la base militar de Fort Knox, en Kentucky. Por detrás se sitúan Alemania (3.350), Italia (2.452), Francia (2.437), Rusia (2.327), China (2.306) y Suiza (1.040), los únicos países que albergan más de 1.000 toneladas.
Las reservas de oro de España no son actualmente demasiado boyantes: apenas 282 toneladas, que la sitúan en el vigésimo puesto a nivel mundial, por detrás de países como Portugal (383), Polonia (550) o el Líbano (287). Pero no siempre fueron tan escasas. De hecho, uno de los motivos que explican esa disminución es la venta masiva de oro que el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero ordenó entre 2005 y 2007, cuando el Banco de España se desprendió de casi la mitad de sus reservas al vender 241 toneladas. Lo hizo, además, a precios casi diez veces inferiores a los actuales, ya que por aquel entonces el oro cotizaba en torno a los 650-700 dólares la onza.
Remontándonos aún más en el tiempo, España llegó a ser antes de la Guerra Civil el cuarto país con más reservas de oro del mundo, con 700 toneladas, solo por detrás de EEUU, Francia y Reino Unido. Sin embargo, tras el golpe de Estado y posterior estallido del conflicto bélico, el gobierno de Largo Caballero vació las arcas del Banco de España para trasladar a la Unión Soviética más de 500 toneladas, el famoso oro de Moscú, que fue utilizado para sufragar la compra de armamento y otros suministros del ejército republicano.
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